Soñando
EN EL BANCO
Mi amor cada día mi perra y yo vamos a aquel banco al borde del lago, por si acaso vuelves, por si acaso vuelvo a ver tu pelo color rojo oscuro, y tus pecas que me vuelven loca, esos ojos azules vetados con amarillo, felinos, con esa sonrisa que parece de niño travieso, esos labios que invitan a que te devore, pero sobre todo tu mente.
Quiero descubrir cada meandro de ese cerebro, cerebrito, cerebrazo tuyo, que me deslumbraba cada día, cada mañana, cada noche, y que me ha dejado aquí, muerta en nuestra casa.
Sólo soy sin tu mirada un cuerpo inerte, un alma vacía, un cascaron de nada, porque nada soy sin ti, sin mi otra mitad, sin ti, sin mi alegría, sin ti, sin mi razón de vivir, sin ti…
La perra parece mirarme y entenderme, de vez en cuando apoya su gran cabezota en mi rodilla, sólo en la derecha, mira que es cabezota esta perra, o maniática ¡no se!, pero también te extraña.
Vuelve pelo melaza, vuelve que me marchito sin tu mirada, sin tus carcajadas.
Vuelve pelirrojo, vuelve.