EL PUNTO DE VISTA QUE TE DAN LOS DÍAS
Se conocieron hace un año, no se sabe porqué habiendo química no hubo la suficiente para que se forjara lo que ella deseaba, y él buscaba.
Después de muchas semanas, meses, se vuelven a encontrar y aunque sigue habiendo química, por parte de los dos, se tratan con mucho cariño, casi con amor podríamos decir, pero ella se da cuenta de que el motivo por el cual la chispa no saltó haciendo de aquel primer fogonazo un fuego que les mantuviera unidos, era un gran motivo.
Él no era para ella.
Así de simple.
Ella tampoco es para él. No.
Le mira con otro punto de vista, y con otra perspectiva, ya con otros ojos. Analiza como la mira. Le mira a su vez, deja que él le aparte el pelo de la cara para entre cervezas contarse al oído sus últimas noticias, así tan cerca ella tiene la oportunidad de olerle y ve que no.
Simplemente no podría estar con un hombre que huele así, detecta con su fino olfato varias cosas que le producen un asco que apenas puede contener, se pregunta si él lo percibirá en su cara.
Él expone teorías sobre su vida futura y ella escucha con una ceja levantada, incrédula, pensando: “¡Por los dioses! Si nos hubiéramos liado ahora estaría supeditada a esta gilipollez por la cual este tío se rige en su vida, ¡es increíble!”
Es como decir, si el Gilipollas Futbol Club gana la copa del mundo me como un yogur y si no… me voy a vivir a Australia. Absurda idea de cómo vivir tu vida, reflexiona ella, no son parámetros validos.
Ella sonríe y le acaricia el pelo. Le besa con ternura, pero ya con distancia.
El no sabe que es su último beso, de los besos que nunca se dieron, ya que sólo fue algo que ella deseaba y él no compartía, no comprendía, no llegó a sentir y solo ahora ella sabe que es lo mejor que le pudo pasar. Él nunca podría llegar. Es tan simple como dar la talla o no darla.
Le quiere mucho, pero tal y como están. Un colega, un conocido, alguien que saludas por la calle y si hace mucho que no le ves te paras exactamente tres minutos. Podría verle más a menudo, pero sin más, sin más intención que la de compartir una cena, unos bailes y unas veladas maravillosas, pero él jamás será más. Jamás será amante, ni lo fue. Jamás será confidente, ni lo fue. Jamás será implicado, ni lo fue. Jamás será nada, quizá un conocido.
Viéndolos desde fuera todos piensan que son pareja o esa preciosa palabra “follamigos” pero nada más lejos de la realidad.
Jamás fueron nada.
Jamás lo serán.
Ella aspira a algo más.
Y más… después de ese olor, del nuevo punto de vista, la nueva perspectiva.
Él la mira y casi se arrepiente de sus actos pasados y para compensar algo que no podrá cambiar, ni sabe si querría se acaba la cerveza y se va, con promesas de que seguirán en contacto desde donde quiera que esté.
Y ella sonríe y está segura de que así será.
Adiós chico, ¡adiós!