Releía la carta...
He estado pensando últimamente porqué no estoy a gusto con mi vida.
Para qué estoy aquí?
Y entre sueños la respuesta ha venido a mi.
Estoy aquí para vivir
Estoy aquí para  reír
Estoy aquí para disfrutar
Estoy aquí para sentir
Estoy aquí para amar
Estoy aquí para jugar
Estoy aquí para besar
Estoy aquí para soñar y cumplir mis sueños.
Estoy aquí para imaginar
Estoy aquí para compartir
Estoy aquí para bailar
Estoy aquí para cantar
Estoy aquí para sonreír
Estoy aquí para ser
Estoy aquí para cuidar y que me cuiden
Estoy aquí para brillar
Estoy aquí para ser yo
Estoy aquí para ser feliz, no todo el rato, pero sí algunos
Y también sé para lo que no estoy aquí, no estoy aquí para sufrir, ni por ti, ni por ellos, por nadie.
Así que me empeñaré en ser alguien feliz, como todas las personas que han pasado por tu vida y han pasado de ti.
Buscaré mi camino para seguirlo.
Y te relegaré a donde perteneces, a la nada, al olvido.
Las personas son lo que hacen y tú conmigo hiciste cosas terribles, tu sitio es simplemente el destierro de todo por mi parte.
Esa fue la nota que encontró en el pasillo al entrar en casa, debió meterla bajo la puerta, fue  la última noticia que tuvo de ella, una carta que le decía implícitamente que era infeliz con él y que estaba cansada de serlo, que se iba a ser feliz, probablemente sola.
Tardó mucho tiempo en reaccionar sentado en el mugriento sofá la releyó mil veces lo menos, vio amanecer, no cogió el teléfono cuando su jefe le llamó cuando no se presentó al trabajo, no la había valorado, no se imaginaba su vida sin esa mujer a la que usaba de sparring, pero no sabía que fuera infeliz.