Señora del parque
La Miri y la Vane están sentadas en el respaldo del banco del parque echando un “piti” hablando de sus cosas.

  • El Fran es un gilipollas tía.
  • Pues anda que yo, tía, el otro día pillé al Jesus (léase sin acento) con la Raque. (no Raquel)
  • Menudo capullo tía.
  • Y el Javi ha vuelto a ponerse, mira que le prometió a tu prima que no volvía a meterse, pues otra vez está metido en el tema.
  • Ya te digo tía. Y eso que no te he contado la última de la Lidi…

Y así hablan un rato, entretenidamente de sus cosas. A su lado una señora hace punto mientras las escucha y las mira de reojo, hasta que una de las chicas se da cuenta entre calada y calada y muy desafiante le dice a la vieja.

  • ¿Eh? ¿Qué pasa vieja, te pone nuestra vida o qué?

A lo que la señora sin inmutarse por la grosería de la chavala le responde:

  • Mira hija, un hombre vale lo que valen sus principios, y sus principios son respeto, lealtad, educación, fidelidad y el cumplimiento de sus promesas. Fuera de eso no es un hombre, sino un niño jugando a hacer cosas de hombres, como trabajar, gastar dinero, follar, conducir y otras cosas para las que hace falta ser mayor de edad. Pero ser hombre es mucho más.

Las chicas se quedaron con el cigarro en la mano, la boca abierta sin poder responder, porque no había nada que responder.