LA VECINA

LA VECINA

Cada vez que la vecina andaba caliente abría la puerta de su terraza y en el picaporte colgaba las bragas.

El sabía que era la señal acordada para una buena sesión de sexo sin compromiso, entraba por esa puerta, no por la principal, subía las escaleras y la ataba a la cama, cada vez era distinto.

Era genial. Era excitante.

Le daba el poder sobre ella y a él le encantaba eso… ver esas bragas colgadas hacía que oyera su corazón en los oídos y sentía como todo crecía en él.

No era una tía especialmente guapa, ni escultural, no quería nada con él, no quería saber su nombre, no le preguntaba dónde estaba, ni de dónde venía, sólo colgaba las bragas y le daba la cinta cuando él entraba por la puerta de atrás de la casa.

Si se cruzaban en la urbanización apenas le sostenía la mirada como si fueran dos desconocidos, no había gesto en su cara, ni sonrisa, ni picardía, nada, eso lo reservaba para el dormitorio el día del picaporte.