LA SOMBRA

Cada martes durante las próximas 12 semanas tendrás un capítulo de ésta historia. Una chica que tiene pesadillas hace un trato con un ser maligno que se alimenta del miedo y del placer,  el trato consiste en que podrá vengarse de quien le hizo mal en el pasado con total impunidad y él podrá alimentarse del miedo de sus víctimas y del placer que a ella le provoque la venganza. ¿Tú qué harías?

LA SOMBRA DE HUMO

1/12 SELLAR EL TRATO CON LA SOMBRA

Mil pesadillas me acosan por la noche y no sé qué hacer para dormir y que mi sueño sea reparador.

Muchas cosas he probado en estos años desde que todo ocurrió y no funciona nada, sin embargo anoche a altas horas de la madrugada sobre mí planeó un monstruo nuevo. Me desperté sobresaltada debatiéndome sin saber si lo que veía era producto de otra de mis pesadillas o era una imagen real.

Era etéreo, negro y transparente a la vez, como si fuera de humo, flotaba sobre mi cama mirándome con los ojos ambarinos fulgurantes en unas cuencas profundas como pozos.

Mi primer instinto fue retroceder en la cama aún no teniendo a dónde. Repté con la espalda y los talones, apoyada en el culo y los codos hacia la almohada en vano intento de huida.

Debía tener una mueca de terror que regocijó a la sombra y en mi cabeza tronó la voz más terrible que jamás había sentido ni oído.

  • Vengo a acabar con tus pesadillas
  • No entiendo – acerté a articular más muerta de miedo que preguntando por el sentido de su frase.
  • Te ofrezco que consigas la paz de tus sueños para el resto de tus días.
  • ¿Y cómo vas a darme paz?
  • Yo no te daré paz, te ofrezco venganza, y por medio de ella obtendrás la paz.

Y así fue cómo la sombra me ofreció un trato que consistía en poder vengarme de diez personas de mi elección, las personas que yo eligiera de mi pasado y que me hicieron daño provocando esas pesadillas, que no me dejaban descansar, podría vengarme del modo que yo eligiera sin temor a represalias ni a la ley, podría matar, torturar, retorcer, dañar, y hacer lo que se me hizo hasta quedar resarcida. Gozando de cada acción que en mi venganza llevara a cabo con cada uno de mis diez elegidos.

  • Te daré una muestra de lo que es dormir en paz una semana para que degustes el sabor de la vida tras la victoria de la venganza.

Esa semana desperté fresca, antes de que el despertador sonara, de buen humor, los días me cundían, las horas me daban de sí para mis planes.

El insomnio se alejó por siete noches y las pesadillas me abandonaron.

La octava noche la sombra regresó a mi habitación sobre mi cama y mi cara, lo vi tras despertar a causa de una pesadilla, un sueño tan negro como profundo del que me costó salir y lo hice en un grito que toda la casa debió oír. Pero el grito no era sino una muda mueca en mi rostro que apenas reflejaba todo el miedo que recorrían mis venas.

  • Has reflexionado ya sobre mi oferta? – Resonó grave su voz en mi cabeza, apremiante y severa.
  • Si
  • ¿Y qué has decidido si se puede saber? – Preguntó mientras parecía acomodarse flotando sobre mí.
  • Acepto, pero quiero saber qué contiene tu letra pequeña.

Aunque yo no viera la expresión de lo que intuyo que era su cara, adivinaba que bajo su capucha hecha jirones y que la cubría por completo creo que su gesto había cambiado de algún modo.

Quizás fuera una ceja enarcada o una sonrisa socarrona de medio lado, pero algo había cambiado en el rostro inexistente de la sombra.

  • ¿Te ofrezco tu paz y me vienes con remilgos? ¿Quién puede ser tan idiota?
  • Alguien que cree en los dichos de viejas, y hay uno que dice que nadie da duros a cuatro pesetas y eso es lo que parece que me ofreces, así que dime qué pides.
  • Parece que no eres tan tonta como aparentas, ni como antes. Me alimento del mismo miedo y del placer que éste provoca, ésa será tu moneda de cambio.

Te pido que goces con tu venganza, con cada una de ellas, con el miedo de quienes se mofaron de ti, te mintieron, robaron, traicionaron o lo que sea que te mueva. Que me alimentaré del miedo que tu venganza les provoque.

Lo pensé por apenas un instante, no me pareció excesivo el precio, gozaría viendo a mi ex marido retorcerse, y eso era lo que se me pedía, no era pago.

Creí entonces que el pago era justo, es más creí que era incluso un buen trato, salía ganando por partida triple, venganza, impunidad y placer justiciero.

Acepté sin saber que el sello del trato sería ser la amante de la sombra esa noche. Y lo fui. Fui la amante más entregada, apasionada, satisfecha y colmada que hubo esa noche en los submundos de los sueños y las fronteras de la vigilia.

La sombra obsesiva perseguidora de éxtasis obtuvo esa madrugada una dosis adictiva de placer que le proporcionó una mirada a las posibilidades que yo le podría ofrecer.