LA DECLARACION DE AMOR

LA DECLARACIÓN DE AMOR

Fingió haber olvidado unos papeles y me pidió que se los buscara en el coche, era sólo una hoja, con unas fotos de besos nuestros en distintos sitios, estaba en el asiento del copiloto, leí como me pidió y tuve que sentarme para que no me viera llorar… la leo y la leo y… Aún hoy lloro tras tantos años de feliz matrimonio.

“Quiero ser ese hombre cariñoso y espontáneo que te haga sentir mujer y femenina.

Quiero ser ese hombre que desvele los misterios de tu alma.

Quiero ser el hombre de tu vida, lo más importante que te haga sonreír y porqué luchar.

Quiero ser tu ilusión para que regreses a casa cada tarde con tu mejor sonrisa puesta y cuando llegues, que salgamos a tomar algo.

Quiero que planeemos juntos cada fin de semana en un rincón de esta piel de toro. Y cuando cuadre a Italia, Francia, Inglaterra, New York…

Quiero besarte en la boca y saborear tu sonrisa.

Quiero tocar tu piel suave y notar como se te pone la carne de gallina.

Quiero darte un masaje relajante y dejarte dormir.

Quiero velar tu sueño y saber si eres feliz.

Quiero estrenar contigo cada nuevo día y mirar en tus ojos ese universo que llevas dentro.

Quiero hacerte mi compañera, mi cómplice, mi aliada, mi amante y acariciarte cada vez que nos crucemos por el pasillo o nos rocemos en la cocina.

Quiero prepararte el desayuno y ser tu alimento.

Quiero sentirme hombre con tu contacto o con tu mirada.

Déjame ser tu amigo y acariciar tu pelo, déjame ser tu confidente y revélame tu secreto.

Déjame que te cuide hasta la vejez, en tu casa o en la mía, que entonces será la nuestra.

Déjame que sea yo quien estimule tus fantasías y colme todos tus deseos. Háblame.

Cuéntame tus ideas de economía, de arte, de tus viajes…. dime cómo podemos mejorar nuestra situación, que te escucharé y quisiera que me escuchases mis ideas sobre ésto y lo otro.”

Cuando entré en la casa posé la hoja sobre la cómoda de la entrada, él estaba en el baño, preparando un baño de espuma para los dos, subí a su encuentro y le amenacé con enseñarle a besar de verdad y tomé su cara entre mis manos, mesé su pelo negro, suave y tintado con alguna cana, le miré a los ojos y acerqué a los finos labios mis labios y le besé tan despacio y tan quedamente como supe, de lejos, sin acercarme, evitando la pasión.

Dándole el mejor beso que nadie le había dado jamás, le recorrí el alma con ese beso, le besé donde no pensó que podría ser besado, fue el beso de despedida.

Porque con ese beso se despidió de todo lo que había conocido, de toda vida pasada, de todos los besos anteriores, de todas las almas que hubiera conocido, y sólo quedamos él y yo.

Fue un beso de despedida y un beso de bienvenida a la vez, pues era un beso de sí. Si. Si voy a dejar que seas todos esos hombres que quieres ser y seré la mejor versión de mujer que puedas conocer de mi.

No hicieron falta palabras, todo quedó sellado en un beso.

En ése beso él aprendió a besar pese a tener muchas experiencias a las espaldas nadie le había besado así, nadie le había trasmitido tanto en un beso.