LA PRIMERA VENGANZA

LA SOMBRA DE HUMO

2/12 LA PRIMERA VENGANZA

No sabía cómo organizar a esas 10 personas, ¿Debía organizarlas por orden cronológico?

¿Por orden de rabia?

¿Por orden de importancia?

¿Por orden de prioridades económicas, según el atolladero en el que me hubieran metido?

Eran todas buenas opciones.

Y no se me ocurre ninguna descartable. El tema estaba en cuál era la prioritaria y a cuál iba a poner delante de las demás.

Elegí el orden cronológico, me pareció muy adecuado, mi mente es muy cuadriculada, todo tiene que obedecer a ciertas normas, quizá los demás no lo vean. Pero están ahí, y cuando las explico todo el mundo las ve tan irrefutables como las veo yo.

La primera de la lista era mi madre.

Habrá quien vea mi forma de verlo totalmente reprochable, pero yo creo que una madre debe estar al lado de sus hijos, no siempre, no excusar sus actos hagan éstos lo que hagan, pero no abandonarlos por egoísmo, y menos por motivos económicos.

En mi peor momento ella me falló perjudicándome para toda la vida, me costó años recuperarme de aquel dolor lacerante que atacó mi alma.

En una noche de niebla hablé con mi oscuro amante y le dije lo que deseaba.

  • Quiero introducir mi dolor, y su traición, mi sensación de abandono y su avaricia innecesaria en una pesadilla, y que cada vez que duerma sienta todo lo que yo sentí multiplicado por tres en intensidad.
  • Que así sea mi bella Ama.

Al dormir esa noche pude colarme en su cuarto, planear sobre ella, como él había planeado otrora sobre mí.

La miré detenidamente, la observé, miré casi con repulsión los estragos que el tiempo había hecho en su pobre y maltrecho cuerpo, consumido por años de excesos, tabaco, alcohol, desconfianza, habladurías, vergüenza y otros sentimientos negativos que se la habían ido comiendo desde dentro.

Fue como si me transformara yo misma en la sombra y le hiciera lo que me hizo ella a mí, pude ver, oler, oír, sentir todo lo que ella sentía, oía, olía y veía.

La llevé al momento en que me traicionó y le mostré lo ridícula que se vio su actitud ante nuestros ojos.

Pude oler el aroma de su sudor entre las sábanas, olía a vieja, era una persona reseca, sus ojos saltones parecían los de un animal desbocado, muerto de miedo. El pánico recorría en cada borbotón de su negro corazón todo su cuerpo, seco por dentro casi tanto como por fuera.

El mismo miedo que viví yo ante su traición. Pude ver la rabia, la incredulidad, la desesperación,  la negación, y así la dejé cuando me aburrió tanto drama.

El placer que me produjo verla sufrir era incalculable, casi tanto como lo que me hizo, tan hondo como el pozo donde me metió esa cerda.

No te equivoques, una madre no es madre por el simple hecho de parir. Lo es por sus actos con sus hijos. Y ella no fue jamás madre conmigo. Nunca me cuidó, jamás recuerdo que me diera un beso, ni un abrazo, ni una palabra tierna, o una frase de aliento sobre algo que yo hubiera hecho bien en cualquier ámbito.

La sombra estaba muy satisfecha con su primera víctima. Mi primera venganza.

Mis pesadillas decrecieron y algunas noches podía dormir de un tirón. No era como la semana de prueba pero era un alivio.

Algunas veces me gustaba ir a verla, tanto de noche  en sueños como de día, en el mundo etéreo.

Ver cómo se sumía en un lento degradado al gris.

Cómo se consumía por las dudas sobre si lo que sentía por dentro era real o fruto de su imaginación.

Me gustaba ver esos ojos fuera de las órbitas, preguntándose si esto o si aquello.

Al final el dolor hizo que buscara las vías para enderezar el camino que un día torció.

Pero nunca supo en qué momento dio el paso en ese camino, así que no podía enderezar sus pasos, era demasiado tarde.

El dolor la consumía.

Cuánto más hablaba del tema peor se sentía, ver cómo el miedo a dormir la devoraba era por un lado lo que me satisfacía, pero por otro me daba mucha lástima. Es esa sensación de quien busca una meta y cuando la alcanza se queda con un cierto vacío, si bien yo no había buscado jamás esa meta y aún así la había hallado.