LA CASA DEL RATONCITO PEREZ

LA CASA DEL RATONCITO PÉREZ

La encontré!

La casa del ratoncito Pérez, está vacía.

Sucia.

Desangelada.

Murió esa casa porque no llegaban los anhelos de los niños, y no llegaban porque los niños están ocupados jugando a algo llamado consolas y ordenador, pero ni consuela ni ordenan.

Y el ratoncito se fue al Polo Norte, a Napapiri, a ver al viejo Klaus, a lomos de un viejo amigo rojo, un zorro llamado Fisz, le llamaba así porque corría que cortaba el viento.

Pero el viejo del norte también tenía problemas en la casa, ningún crío quería coches, ninguna cría quería muñecas.

El mundo giraba tan deprisa que soltaba mierda y no sueños.

La gente debía frenar. Amar a las personas y no a las cosas. La gente se había olvidado de la gente y sólo querían cosas materiales.

Se reunían para presumir de sus cosas, entorno a mesas llenas de comidas haciendo competiciones de opulencia, vestidos, regalos, y otras… «cosas», pero olvidaban sus sentimientos, o si los llevaban con ellos eran falsos y eran puro cinismo.

Me quedé mirando la entrada de la casita del Ratoncito Pérez, tan triste, tan sola, tan sucia, tan desolada como estaba yo misma mirándola… El mundo giraba demasiado deprisa para mi también.