EL FUNERAL
EL FUNERAL
No quería un funeral triste, con gente llorona, no quería a sus amigos derrotados por su ausencia.
Y lo mejor que se le ocurrió fue, en cuanto lo tuvo claro, montar su propio funeral, si bien no sabía cuando la detestada amiga muerte pasaría a visitarla rozándola con su huesuda mano para arrastrarla al lado frío de la no-vida, sí sabía que ese momento llegaría inevitablemente.
Así que se puso manos a la obra y ahorró, e hizo un testamento vital en el cual dejaba instrucciones detalladas de cómo debían actuar cada una de sus amistades tras su muerte.
Un jueves, su día favorito, y el día en que nació, por cierto, sin previo aviso, no entráremos en detalles, de la razón, la de la capa y la guadaña vino a buscarla, silenciosa, a hurtadillas.
Y las cosas fueron según ella quiso.
Tras una breve charla, todos los que fueron mencionados y llamados que aún vivían y se pudieron localizar, se fueron a un local a celebrar una gran fiesta en su honor.
Y se prometieron volver a celebrar la misma fiesta cada año.
Por cariño unos, por amor otros…
Por las risas compartidas con alguien tan especial.
Por los recuerdos.
Por llevar fotos.
Por los brindis.
Por los detalles
Por la unión.
Eso era amistad, de la de verdad, de la que honra una memoria y los recuerdos compartidos con alguien a quien se amaba.