UNA VIDA SENCILLA

UNA VIDA SENCILLA

Él roncaba fuerte y rítmicamente y como de costumbre no se dio ni cuenta de que ella había salido de la cama dejando su lado del colchón vacío, yermo y frío.

Se había casado por desidia mas que por amor, sin ilusión y por obligación.

Miró largo rato a través del gran ventanal, fuera llovía intensamente, era otoño, un otoño inusualmente cálido y tormentoso.

Ahora tras los años tenía otro punto de vista, otra perspectiva, otro prisma, otra forma de ver las cosas.

No sabía si podría decirse que era culpa de uno u otro.

Era verdad que una parte del camino la habían hecho juntos, creciendo juntos, evolucionando en caminos paralelos pero en algún punto del trayecto los caminos se fueron separando, despacio al principio, sin ellos darse cuenta, inadvertidamente.

Luego sólo ella notó un crujido en su “tela matrimonial” casi al final, cuando ya era demasiado tarde y únicamente les quedó claro que estaba pasando, que cada uno estaba fuera de la vida del otro.

“Echaré de menos esta farola” pensó, “Mañana hablo con él y se lo digo”.

Estaba cansada de mentiras, dobles vidas, juegos de “corre que te pillo”, de esconderse el uno del otro los mensajes, los correos electrónicos, los perfiles falsos en las redes sociales, fingir reuniones e inventar excusas, implicar a amigas y amigos, excusas y mas excusas para no afrontar la verdad.

Y la verdad era tan sencilla, y cada día se le hacía más fácil decirla, “ya no te quiero chico, y soy suficientemente fuerte para afrontar mi vida sin alguien que me ningunea, no me haces falta.”

Mejor una vida sencilla que dobles vidas.