A OSCURAS

A OSCURAS

Creyó ver una luz y que ésta la salvaría sacándola del negro y frío mar, pero en su soledad debió confundir el ansiado faro con un espejismo que se desvaneció al primer soplo de viento como si fuera una vela, y otra vez a oscuras se vio sobre el negro y profundo océano tambaleándose y con menos esperanza que antes de ver aquella luminiscencia.
Ya no albergaba esperanza de llegar a tierra algún día para quedarse y quitarse la humedad y el frío que le calaba los huesos y el salitre que le corroía la piel.
Allí no había nada para ella, dudaba siquiera de si estaba allí.
Quizá ni siquiera estuviera allí y todo fuera un sueño.