VIERNES

VIERNES
Había conocido a sus cuatro últimos hombres en viernes y a todos en el mismo mes.
Con unos había empezado a salir inmediatamente con otros un poco más tarde, pero era innegable que tanto los viernes como ese mes tenían algo especial para ella.
Se encontraba en una encrucijada vital, llevaba ya un tiempo sin pareja, sin trabajo y sin embargo estaba perfectamente, re descubriéndose a sí misma, cada tipo que se había acercado a ella en los últimos meses había sido rechazado sistemáticamente.
Hasta que llegó otra vez ése mes y un hombre nuevo irrumpió en su vida con la fuerza de su mirada, con un encanto al que no pudo negarse y lo que hizo fue huir, como siempre en su vida.
Otra vez un viernes.
¿Porqué?
No sabía qué era hasta que tuvo que ir a pasar una temporada a casa de un familiar, su tío favorito al que tuvo que cuidar por una enfermedad terminal y en aquel lugar remoto entre la gente que conoció estaba una vecina del tío Elías.
La vecina Loia era bruja.
Enseguida hicieron buenas migas, mientras Elías dormía la siesta se acercaba a echar una charla con la vecina, o dar un paseo si el tiempo lo permitía.
Le hizo algún tipo de cosa, conjuro, o quién sabía qué y vio que fue concebida en una noche de viernes de ése mes hacía ya unas décadas y por eso ella buscaba o encontraba el amor en ese día en ése mes
Elías falleció y regresó a su casa con la gata de éste que todo lo extrañaba y a todo le tenía miedo, y llamó a aquel tipo de cuya mirada había huido, no sin hacer varios intentos ante el espejo de cómo sería la conversación y cogió toda su determinación para marcar el último número y hablarle.
De esto él se enteró algunos años después leyendo un diario que ella guardaba entre los camisones, cuando ya apenas podía bajar al rincón que más les gustaba compartir en la playa, donde más disfrutaban de cada evento que el firmamento les ofrecía y las nubes les dejaran ver, siempre cogidos de la mano.