VICIOS A LOS QUINCE
VICIOS A LOS QUINCE
Algunas de sus compañeras salían de clase a fumar pero a ella le daba asco el tabaco.
Otras cantaban en el coro de la iglesia, pero ella no era religiosa. Es más la religión le daba risa porque le parecía de débiles. Cantar sin embargo siempre le gustó.
Otras chicas se dedicaban a pintar, y eran buenas, ella lo intentó y lo que le salía no le satisfacía. Dibujar. Unas veces le gustaba y otras no.
Algunas eran capaces de tocar instrumentos. Ahí sí que no. Ella no era virtuosa de la música, su padre intentó sin éxito que estudiara música. Sin embargo sí tenía oído y ritmo, fue muy buena como animadora en fiestas universitarias unos años después en sitios maravillosos.
Un día tuvo un examen de lengua en el que el profesor tras las preguntas de rigor pedía una redacción sobre una estación, el otoño, absolutamente todos sus compañeros empezaron las tres primeras líneas exactamente igual «el otoño es la tercera estación del año y durante el otoño se caen las hojas de los árboles…»
Pero ella describió el declive de una mujer, su otoño personal, en el cual se prepara para una muerte segura mientras contempla la caída de las hojas de los árboles a través del ventanal de su sala, sentada en su sillón de orejas, con su gato que ronronea acurrucado en su regazo con sus caricias mimoso.
Ella sacó un diez y hoy te cuenta historias desde este blog, algunas veces son tan verdaderas como esta y otras son sólo producto de un sueño de la noche anterior o de su imaginación.
¿Quién lo sabe?
Ni tú, ni nadie.
Ni ella te lo contará jamás.
Sólo sabrás que escribir es  su vicio desde los tiernos quince.