COLORIN COLORADO
COLORIN COLORADO
“Colorín colorado en mi mente este crimen se ha forjado
voy a matar mi mala suerte
Que se la queden quienes me la envían.
Porque de mí no se fían.
Porque de mí no se fiaron.
A ellos les confino a olvidar.
No me deben recordar.
Ni amarme nunca más.
Tampoco mal desear.
Su vida han de vivir.
Para yo con lo mío proseguir.
Y así poder ser feliz.
A quienes lo intenten el karma persiga.
Hasta que mi mala suerte muera de inanición.”
 
 

Así escribió un texto cuando vio que la persona que le prometía amor eterno en una conversación que no debía escuchar pero había escuchado hablaba de ella como si fuera la peor persona del planeta, diciendo lo mismo que le había oído decir de las mujeres que habían estado antes en la vida de él.

Sin decirle nada canceló su contrato de arrendamiento, pidió el traslado en su empresa y un mes de vacaciones, mientras a él le dijo que tenía que viajar por asuntos familiares motivo por el cual dejarían de verse unas semanas, las cuales realmente iba a usar para hacer su mudanza.

En esas semanas estuvo hablando con aquel grandísimo cínico el cual le había sacado de todo, como si no pasara nada hasta que la fecha que le había dado se cumplió y él le dijo de quedar pero ella le dio largas.

Y en las largas se quedó el tema una semana, y otra, y otra más.

Hasta que él se puso en firme y se plantó en la casa que habían compartido confidencias y horas de cama y otras cosas, más para ella que para él, y para su gran sorpresa se encontró con una casa que estaba vacía, inmediatamente llamó al teléfono de su pretendida amada y el mensaje de una alocución le decía: “el número al que ha llamado no corresponde a ningún número existente”.

Se coló al jardín y vio la casa por la ventana cuya persiana no estaba totalmente bajada, y descubrió que estaba absolutamente vacía, debía llevar ya un tiempo así, se notaba la dejadez en el estado de la casa, había polvo y telas de araña aunque era fácil que esto se diera porque estaba en pleno campo.

Desbloqueó su teléfono para mandarle un correo electrónico con el ceño fruncido, tenía intención de pedirle explicaciones, le iba a oír, iba a saber quién era él…

Escribió un texto corto pero explícito. Enviar.

Empezó a caminar rodeando la casa para ir a la entrada principal, vio a un vecino y quiso preguntarle si sabía algo de ella cuando el teléfono sonó, el correo electrónico había sido devuelto, dirección desconocida o errónea.

Llegó a la entrada principal y allí encontró un cuaderno que le había regalado al principio de salir juntos, estaba en la repisa de la ventana de la cocina cercana a la puerta.

El cuaderno no tenía página alguna, estaban todas arrancadas, pero en la cara interna de las solapas había unos párrafos escritos para él, la letra le era familiar.

“Imagino que si estás leyendo esto es porque habrás venido tras llamar o mandar un email, en cualquier orden, y habrás visto que mi casa, mi hogar ya no existe. No existe porque te oí hablar sobre mí como me has hablado sobre tu primera novia, tu ex mujer, y tu última novia en un bar mientras estabas con un grupo de gente y te abrazabas a una chica.

Llegados a este punto no hay explicaciones que puedas darme, ni excusas que pueda aceptarte, creo que te he consentido todo tipo de cosas, he transigido más allá de lo posible, he perdonado más de lo que un alma puede permitir, y te he prestado más de lo que un corazón y un bolsillo puedan recuperar.

No vas a buscarme, ni vas a encontrarme.

Sigue tu camino, que yo seguiré el mío.

Sin más.

Sabemos que lo que digo es verdad y que estabas dónde y cómo digo, he perdido el tiempo, pero no perderé la lección.

Sigue tu camino, no te desvíes de él.”

Subió a su coche azul metalizado arrancó revolucionándolo más de lo necesario mostrando su enfado y pagándolo como siempre de la forma más estúpida.

Su boca tenía un extraño rictus, apretado, iba cavilando la forma de localizarla y hablar con ella, ajustar cuentas, recuperarla pero mantener su independencia, porque no estaba dispuesto a ceder en nada.

Subió el volumen de la radio, y eso que él no era muy dado a llevar la música como esos horteras que llevan la música a todo volumen, pero necesitaba pensar en cómo recuperar a ésa mujer, “a él nadie le dejaba” y encerrado en estos pensamientos egoístas y vengativos, psicóticos e incalificables que la mayoría de la gente no tendríamos, tan cegado por la ira iba que no vio la furgoneta que se saltó el stop y se cruzó desde la izquierda, tuvo en el último segundo tiempo para reaccionar y girar de malas maneras pegando un volantazo para salir despedido por el barranco y despeñarse cumpliendo así el decreto de ella de no pensar en buscarla, pues eso sería desviarse de su camino.