MISUEÑO

MI SUEÑO

El sueño de una noche cualquiera.

Me despertaba en un bosque aterida por la humedad, pero yo no era la de siempre, no me sentía como siempre, mi pelo era mas largo y yo me sentía algo mas ligera.

Estaba arrullada en el hueco de un árbol gigantesco, era tan grande que cuando conseguí fijar la mirada mis ojos no alcanzaban a ver el final del tronco allá donde quisiera que terminara la copa que se entremezclaba con otros árboles.

Una ardilla miraba curiosa desde un pliegue de la raíz cómo me despertaba, mientras parecía divertirse mucho a mi costa se sacó una semilla del abultado carrillo y girándola entre las manos la roía y desayunaba, manejándola con una habilidad pasmosa, y eso me recordaba junto con el rugido de mis tripas que tenía hambre, esa ratita arbórea de repente salió en rápida carrera y me dejó sola.

Intenté moverme para levantarme y todo lo que hice fue descubrir que las ballenas del vestido que llevaba puesto se me clavaban en el talle, y me resultaba muy incómodo.

Un lento pero contundente ruido con cierto ritmo se oía por todo el bosque, se había ido acrecentando, no tenía ni idea de lo que era, pero retumbaba en cada árbol y se notaba en todos los arbustos que tenía a mi alrededor que temblaban al son.

Me levanté, y me dolían hasta las pestañas, como mujer coqueta que soy me he detenido a mirar mi indumentaria dejando de prestar atención a mi alrededor.

Qué bello vestido llevo, es de terciopelo color verde profundo, a juego con mis ojos, llevo extraños complementos tribales, y mi pelo es color melaza oscuro y muy largo, más de lo que lo tuve antes en mi vida real fuera del sueño, mi calzado es cómodo y mirándolo mis ojos se detienen en un charco que vibra…

Y tras el charco veo un dragón reflejado en el agua.

Retrocedo con toda prisa, tanta que caigo tropezando con una raíz que me queda detráss y caigo de culo.

El dragón me da la mano, si es que a eso se le puede llamar mano, porque es una garra llena de escamas, y yo retrocedo arrastrándome por el suelo y él insiste acercando su garra, y me habla.

– Toma mi mano querida, no vine a hacerte daño.

He agarrado su mano, bueno su garra, con fuerza y me he levantado… muerta de miedo, la verdad, qué grande es… y ¡cómo impone!

Es inmenso, grande, tremendo, inconmensurable, y huele raro. La verdad.

Todo él se mueve cuando respira. Se le dilata la nariz inmensa y no puedo dejar de mirarle, me hipnotiza, se abre, se cierra, se contrae, se dilata, me sopla el pelo, se lo lleva como si lo sorbiera…

Sus ojos son grandotes, profundos, con tantos matices que parecen un lago.

Asusta y conmueve, puede hablar.

Coño, ¡¡PUEDE HABLAR!!

No se si reír o llorar, gritar o correr. Mi primera reacción es salir corriendo pero me quedo congelada en contra de todos mis sentimientos internos.

Y lo tengo al lado, yo. ¿YO? ¡YO!

Se arrellana en un claro del bosque y me siento enfrente suyo un poco más calmada, empieza a hablarme, otra vez.

Me cuenta que ha estado volando en mi realidad, pero que no le he prestado atención, que estoy siempre demasiado triste, demasiado ocupada, sumida en mis problemas, y ha tenido que elegir mis horas de descanso para entrar en mi y contarme que soy más de lo que siempre he creído, que en mí habita una guerrera, que será tan fuerte como yo quiera ser, y que debo luchar.

Que si quiero puedo tener la fuerza del dragón, ser una DRAGONA, y quemar todos los prados que me separan de los sitios a los que deseo llegar, o quemar todas las personas que me atormenten, las malas personas, puedo volar tan lejos como yo quiera, hacer alegres piruetas en cualquier cielo, ver el amanecer tan alto como desee.

Que puedo y merezco tener al más noble vikingo junto a mi, al más noble y leal.

Uno que sepa de las nueve noble virtudes y las siga. Un hombre versado, culto, fiel, amigo, sincero, noble y leal.

No uno que las recite como quien recita un verso… Sino que sepa lo que son y qué significan, qué quieren decir las nueve nobles virtudes y las haga cumplir en su llar.

Uno que sepa lo que valgo y venere la tierra que piso y también la haga venerar.

Entonces ha respirado hondo… y… y mi perra me ha lamido la cara, que él había bajado en gesto condescendiente hacia ella, vaya que el dragón y ella, mi perra se deben de haber fundido, y mi perra me ha dado el abrazo de buenos días.