VIERNES 13

VIERNES 13

Cuando cerraba la puerta se giró y agarrando el pomo le miró y le dijo ya sin rabia.

– Yo sólo quería una vida sencilla, despertando cada mañana a tu lado, oliendo tu aroma, ése que me resulta inconfundible, quería cantar contigo, y bailar, celebrar ese día especial del mes, y más los viernes 13, pero no como lo hacen en las pelis. Sino a nuestra manera. Pero ya no hay un “nuestra”. – Y bajó la mirada.

Como vio que él no tenía argumentos tras tantas cosas vividas se aferró al pomo de la puerta hasta que la mano se le volvió blanca.

Contó hasta diez.

Le sostuvo la mirada mientras contaba, pero él no podía alegar nada en su defensa.

La vida sencilla que ella había deseado ya no existía. O sí. Pero sería con su mejor compañero, ella misma.

Ella no se mentía a sí misma. Ni a los demás. No ocultaba, porque una media verdad es una mentira, en toda regla.

Ella no trataba mal, no gritaba, no pagaba sus malos ratos con nadie.

Ella no traicionaba.

No robaba.

No cogía lo que no era suyo.

No tomaba prestado. Y menos para no devolver.

Ella era leal.

Ella no estafaba.

Ella no era infiel. Ni desleal.

No cotilleaba lo que no debía. Ni curioseaba lo ajeno. Para luego ir a contarlo a su manera a quien menos debía saberlo.

No difamaba.

No contaba a los demás los secretos de nadie.

No hacía que la gente sabiendo esos secretos se riera a sus espaldas, y eso a ella le ponía muy triste porque vio como el hombre que amaba había ido contando sus más íntimos secretos y las personas más insospechadas los contaban como si de algo trivial se tratase.

Simplemente ella tenía valores. Principios.

Había crecido en otro mundo diferente al de él y por más que lo amara no podría cambiarle.

Mientras tomaba la decisión de lo que sería su vida después de aquella conversación se fue a dar un paseo por la playa más cercana a su casa y allí lo vio todo tan claro como clara era el agua del mar.