SOLO

Duerme sin saber que sus recuerdos lo quieren atrapar desde el otro lado del espejo, ése que está pegado a la puerta del armario de la habitación en la que duerme.

Lo que habita en el gélido mundo del otro otro lado del espejo le reclama por sus actos de mala fe. Siempre fue malvado y retorcido, un ser que disfrutaba mientras se vengaba de cualquiera que le hiciera daño, fuera o no intencionado.

Duerme intranquilo mientras los actos del pasado remueven su conciencia entre ronquidos y soplidos y constantes movimientos removiéndose entre las sábanas, retorciéndose en realidad.

No es uno, no son dos, son legión, los demonios que habitan al otro lado del espejo esperando que su sueño sea profundo para poder entrar en su resquebrajada alma y terminar de prenderle fuego llevándosela al infierno al que consideran que pertenece.

Duerme a ratos porque se despierta a cada poco, roto por el dolor de lo que sabe que hizo mal y que jamás podrá recomponer.

Desde el otro lado del espejo sus peores miedos cristalizan su sangre paralizando sus días.

Duerme sólo cuando el cansancio lo acosa y cae agotado pues aunque no sabe lo que habita tras esa capa plateada, al otro lado del espejo, en algún lugar entre su alma vacía y su ser aun queda una pequeña porción de conciencia sin consciencia que es la que sentada en el borde superior del espejo contempla como su vida tras muchos toques de atención y admira como se derrumba por la pequeña acción del bien que siempre termina ganando al mal.