telefono

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Lalá, porque así la llamaban en casa a Laia, que era la pequeña de tres hermanos, tuvo que coger el teléfono cuando Ylenia le pidió que respondiera por ella cuando su novio Carlos con quien no quería hablar llamó y en la pantalla del aparato salió su nombre.

Lalá cogió el auricular y muy amablemente respondió al noviete de su hermana que ésta no estaba, y él preguntó, con toda lógica qué cuándo volvería su chica, y Lalá con toda la inocencia se giró a su hermana y sin más le preguntó:

– ¿Qué dice Carlos que cuando vuelves?

Ylenia abrió tanto los ojos como la mandíbula, se puso roja y morada, cogió el teléfono y como pudo salió del paso.

Este tipo de situaciones se producen a diario, yo las llamo el subconsciente inconsciente, que nos traiciona.

Situaciones en las que alguien nos pide algo que tenemos, unos zapatos que necesita para una boda, por ejemplo, y nos dice que está por pasar por casa y le decimos que estamos a 25 km de casa, cuando estamos en el sofá.

Un jefe que nos pide un papel y le decimos que no podemos ir a la oficina porque estamos enfermos, cuando estamos en el centro comercial, y oye la oferta de leche de la semana a 0’63 el brick si nos llevamos el pack de 12.

Una amiga que te pide un documento urgente que se dejó en un libro que te ha prestado y le decimos que “es que no estoy aquí, en casa”, y ese “aquí” ya te ha delatado.

Por esas pequeñas cosas se establece la gran diferencia entre gente y persona.

De la palabra gente se deriva la palabra gentuza.

De la palabra persona se deriva la palabra personal.

Una persona tomará lo tuyo como algo personal, se implicará, estará a tu lado, te llamará, se preocupará, te cuidará, te respaldará.

A la gente le resbalará, donde va Vicente va la gente dice el dicho, no esperes mucho de la multitud, son masa. Incapaces de pensar por sí mismos. La gente, en general son de otra forma.