Simplemente

Simplemente te quiero fuera, porque ya no eres nada, ya no eres nadie.

Más de una vez y más de dos, lamentablemente para mí más de tres te has cruzado por las calles conmigo sólo que no me has visto.

No me has visto. Porque ya no me ves.

Bueno ya no ves a nadie y es una lástima que tengas esa ceguera.

Es que estás tan ciego.

Tu ceguera es simplemente selectiva, es algo tan extraño como lo era mi sordera con respecto a ti con mis amigos.

Vivir o estar contigo siempre era como esa sensación horrible que tenía de ir mirando constantemente hacia atrás por la ventana de un coche que no manejo y no sé dónde va, es como si hubiera aparecido de repente en ese coche que eras tú, que manejabas mi vida, y yo no podía manejar nada, ni el rumbo, ni la dirección.

Era como ir en moto sin casco, conteniendo la respiración porque se me metía el aire en la boca, lagrimeando siempre, con repetidos golpes de viento cambiantes en la dirección pero que siempre en mí acertaban, llorando eternamente y con constantes golpes tenaces de distintos bichitos a los cuales podemos cambiar de nombre, polillas, mosquitos, moscas, pero todos iban hacia nuestro foco, daba igual todo, iban contra él como camicaces.

En cualquier caso ya no me importa, pero ¿sabes qué sí me importa?

La incredulidad ante la inocencia.

Nunca me creíste inocente simplemente porque otras personas ya me prejuzgaron por las personas que tuviste en tu pasado y decidieron por ti que yo no era buena para ti.

No tuviste criterio propio.

Ni valor suficiente para imponerte a los demás para decir que el pasado no tenía valor porque lo que sí tenía valor era yo.

Eres lo más cobarde que he visto, y muchas antes de mí llegamos a la misma conclusión, por eso te ves como te ves.