Ola tras ola

OLA TRAS OLA

He ido un rato a la playa y sentada en la arena le he preguntado a las olas por ti.

Una ola.

Cada ola venía con su dulce sonido a verme pero sin respuestas.

Otra ola.

Igual que tu silencio, sin respuestas.

Otra ola.

Sin razones, sin disculpas.

Otra ola.

Las promesas sin hechos que los respalden son como sólo las hojas en el otoño sin los árboles, no son nada; son la nada, de hecho.

O quizás son un eco de la nada, qué tristeza.

Otra ola.

Los piropos si conocer al alguien son sólo palabras, vacías, tan horribles como la sensación de ir a comerse una pipa y ver que está vacía, qué desengaño, ver que alguien te regala palabras y son sólo la corteza de la pipa porque sabes que dentro no puede haber contenido, pues no te conoce, tú nunca te molestaste en conocerme.

Otra ola.

Creo fielmente que para amar a un compañero vital y conocer a alguien hay que admirarlo, hay que conocerlo, yo te admiraba pero jamás me dejaste conocerte.

Otra ola.

Yo jamás podría admirar a cantante, músico, poeta, escritor o artista sin pertenecer a su círculo más íntimo, al más cercano, porque así vería su humanidad, sus más bajos y altos instintos y lo admiraría como hice contigo. Porque te amé en tus peores momentos para merecer amarte en tus mejores momentos.

Otra ola.

Sólo he admirado a una persona en mi vida.

Otra ola.

Y consiguió tirar todos los pilares de mi vida, todos mis esquemas, todo lo que para mí era digno de admiración, una madre, un padre, un abuelo, una abuela…

Otra ola.

La inocencia ha sido contigo mi peor delito.

Otra ola.

Otra vez la ilusión.

Otra ola.

Otra ola.

Otra ola…

Son eternas, no sé cómo luchar contra la inmensidad de mi Mar.