La grieta

Hoy aun eres una grieta que me supone una herida.

Quisiera que fuera ya una cicatriz, algo que al paso de los días se vaya borrando.

Pero no es así.

Tú creaste esa grieta.

Aunque fue un abismo que nació entre nosotros yo me quedé la maldita grieta, quedando herida y sin cicatriz.

Jamás antes de la grieta hice otra cosa que no fuera amarte incondicionalmente, porque es de la única forma que sé amar.

¿Y qué hiciste tú?

Dejarte llevar por tu puerilidad.

¿Y qué pasa con un niño? Que puede ser un rato el ser más tierno del mundo y al poco tiempo el más cruel del planeta, y además sin conciencia porque aún no tienen consciencia ni conocimiento de lo que es el bien ni el mal.

Y aunque tú si tienes claro lo que está bien y lo que está mal eras un niño que me desgarró creando una grieta que no sé cómo arreglar, ni cómo vivir con ella.

Sé que cuando termines de cicatrizar no serás como las demás cicatrices que tengo, serás una invisible como muchas grietas que no se ven hasta que estás encima, pues yo no dejaré que tú seas visible.