Recuerdo que hace un tiempo me decía a mí misma una serie de cosas como:

“Me encantaría poder sentir otra vez.

Ver la chispa saltar.

Jugar a cazar mi corazón que se lo llevan las mariposas como si fuera una niña otra vez.

Despertar con la extraña sensación de estar en un sitio que no me corresponde.

Esperar es desde siempre lo que peor se me ha dado.

Y cuando las esperas se dilatan me desespero.”

Y desde que te reencontré mi mundo ha cambiado radicalmente, me has hecho una persona que ha pasado de ser una persona que se siente realizada, completa, que evoluciona, en constante crecimiento.

Los años que van pasando a tu lado son un tiempo en el que me voy descubriendo como una persona nueva, la persona que era por otro lado hace muchos años paradójicamente, la persona a la que he querido ser fiel a mi esencia pese a todo lo que me ha pasado en estos años intermedios en los que nos hemos perdido.

Volver a tenerte en mi vida ha sido lo mejor que me ha pasado y es como un milagro.

Retomar una relación que era mágica por su inocencia, que teníamos a los catorce años, en la que todo era respeto y sonrisas, no había prisas y tú eras el ser al que yo más admiraba… Ha sido lo más bonito que me ha pasado tras estos diez años en los que mi vida se ha ido por el sumidero.

Creo que pocas personas pueden decir que lo han perdido todo de la forma tan dramática que lo puedo decir yo, y en el momento más critico reapareces tú, ayudándome en muchos sentidos, y resulta que somos afines ahí donde empezamos, pero sobre todo me gusta la complicidad, la sintonía.

Para mí ha sido toda una sorpresa descubrir que ambos hemos ido a parar a ciertos gustos como si estuviéramos predestinados ya desde aquellos días, desde aquellas calles de la pubertad en las que nuestros amigos nos llamaban “la i y el punto”.

Gracias por ser mi chispa de esperanza, y hacer que vuelva a sentir.