No

No

El letrado se hace eco de las palabras de su representado que era una hombre malvado e inestable le ofrece a Violeta un pacto con el que podría haber tregua, bueno, en realidad un beneficio para él.

El letrado es alguien que desde el primer vistazo ya Violeta pensó que era alguien digno de toda su desconfianza, y después se ganó esa desconfianza a pulso.

Violeta era una mujer que no estaba acostumbrada a andar por los juzgados, nunca había tenido problemas antes, y todo aquello le resultaba ajeno, le disgustaba y se sentía incómoda, era algo que no comprendía.

Sin embargo cuando el letrado vino a buscarla su mirada no era clara y la respuesta fue «nunca», ya el gesto del abogado le hizo sentir que sus sentimientos previos eran justificados y se unían a los que tenía por el representado, repugnancia e indiferencia.

En su mente clamaba una respuesta mucho más larga: «No puedo sucumbir a trato alguno por más que me ofrezcan por detrás, porque yo también caeré en la oscuridad de la que quiero huir

La respuesta del abogado fue clara, se vino arriba altanero y alzando la barbilla le respondió:

– ¿Arriesgarás tu mundo para garantizar que todo sea como crees? -Le dijo mirándola fijamente con sus ojos oscuros hacia abajo dada su gran altura.

La miraba tan ampliamente que ella no pudo hacer otra cosa que sentirse intimidada, sintió como las rodillas flojeaban, el miedo recorrió la rabadilla y se coló en su alma, ¿La intimidación sería un arma para el?¿En serio?

Aquel letrado de provincias por más que la hubiera investigado sólo sabría datos sobre el papel, no podría saber de sus vivencias, desconocería en cualquier caso de quién eran de verdad sus padres, su familia, lo que le habían aportado en realidad, lo que ella sabía, y recordó las muchas partidas que había disfrutado con su padre de mus, siendo niña, mientras sus hermanos tocaban el piano o el violín en las largas tardes de domingo tras las comidas familiares, ni aquel hombre ni el letrado la conocían.

Le habían lanzado un órdago y ella era muy capaz de recogerlo, levantó los párpados y le preguntó con toda naturalidad:

– ¿Has visto todos los informes médicos y las fotografías? Porque si los has visto ya sabes que no hay pacto, y nunca lo habrá.

Entonces el abogaducho no pudo sostenerle la mirada por un segundo más de tiempo y tuvo que bajar la cabeza.

– “Ante verdad que dicte un corazón la ninguna mentira ganará” decía mi abuela Violeta. Nunca habrá ningún pacto que no sea la verdad. – dijo Violeta mientras le miraba pero en realidad ladeando un poquito su cabeza miró a lo largo del pasillo al hombre que por medio de su abogado le mandaba la misiva, siendo cobarde hasta el final ni dio la cara ni para ofrecer un trato.

Y con ése “nunca” sus inmensos ojos se convirtieron en grandes océanos verdosos en el cual aquel hombre que se escondía tras la imagen de un abogado desapareció, él, el hombre que aunque ella amara había desaparecido por cobarde, por mentiroso, por tantas otras cosas.

Y él sabía que era el único responsable de todas esas lágrimas que sabía que esos ojos habían vertido por él. Ella era diferente.

Podía hacerle una tarta, pedirle besos, podía exigirle atención como ninguna mujer antes le había pedido y follarle con más fuerza de lo que antes había sido follado, podía ser la mujer más pasional que había encontrado y ésa era su magia, nadie le había hecho vibrar dejándole sin aliento como ella, pero esas no eran razones para hacer nada de lo que había hecho con aquella mujer.

Eso era lo que la hacía especial.

Pero esa persona que le ofreció el pacto dejó de existir para ella porque él se lo había buscado de mil maneras, y la vida es causa, efecto.

Y ahora tocaban los efectos.