Querer vs amar

Querer, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua es tener cariño, voluntad o inclinación hacia alguien, desear a alguien.

Amar, sin embargo según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua es tener amor a alguien.

Como esta definición no me ha dejado muy satisfecha me he ido a mirar qué es eso del “amor” y me lo describe como sentimiento intenso del ser humano que partiendo de su propia insuficiencia necesita y busca el encuentro y unión con otro ser que le completa, le da alegría y energía para vivir.

Ahora bien, entre tú y yo, ¿qué es querer? Bueno es…

Depende a quién quieras, ¿No?

Porque digo yo que no es lo mismo querer a un colega que querer a un compañero o compañera de clase.

Porque queremos a los cercanos y amamos a los íntimos.

Querer es sentir algo bello por alguien que te aporta grandes cosas.

¿Y qué es amar?

Amar es algo sublime, que destinamos a nuestros seres de nuestro círculo más íntimo, a los que permitimos entrar en ése círculo y amamos en algunos casos de forma incondicional, hasta las últimas consecuencias.

Amar es renunciar a miles de cosas por esa persona y que no se entere, es no reprochar jamás nada, es ceder muchas veces, y ver cómo esas renuncias vienen de vuelta con el tiempo en miles de cosas, reconocimiento, cariño, pasión, recompensas y otras cosas.

Y así mismo es no tener que renunciar, porque la otra persona se amolda a nosotros y ve la renuncia.

Tanto amar como querer es sentir, no están reñidos ambos sentimientos.

Puedes querer a un novio y después de un tiempo puedes amarlo, la lista de personas es tan larga como personas haya en nuestras vidas como familiares, amigos, compañeros del instituto, del trabajo, del gimnasio, esa señora con la que compartimos cada mañana el rato en la parada del autobús y al final se hace una amiga más.

Y si pasamos esto de la amistad a las modernas redes sociales seguro que ninguno de nosotros puede decir que no ha sumado a alguien en su vida gracias a éstas.

Es importante mantener cualquiera de estas relaciones en su justa medida, porque ya se sabe el dicho, siempre hay uno que quiere y uno que se deja querer, y eso en realidad no es justo.

Relativizamos todo según nos va, según nos da la gana o según estamos de ocupados, olvidando que la otra persona también nos pueda necesitar.

La vida es tan sencilla como la vivíamos cuando éramos pequeños y lo más fácil es decir las cosas como los críos.