Amaneceres

Una de las cosas que más odio es la cobardía y cuando descubrí que eres un cobarde ya era tarde.

Otra de las cosas que peor llevo es que se juegue conmigo y desde que nos conocimos en aquella playa lo que has hecho conmigo ha sido jugar conmigo.

Desconozco tus motivos, porque no conociéndonos de antes no tenías razones para ese cruel juego.

Cuando te lo he recriminado te has ido a la francesa, creo que no hay peor cobardía que la de marcharse del amor de alguien sin siquiera despedirse, porque le estás negando la oportunidad de una despedida, una explicación, un alegato final, una última mirada, y con eso es con lo que me he quedado.

Cuando he visto que sólo quieres las cosas que quieres he visto que esa despedida era lo mejor que podía darme alguien como tú, aunque no fuera lo que alguien como yo merezca, en ocasiones no tenemos lo que merecemos, ni por asomo.

Pero lo que tenemos nos prepara para lo que merecemos, para un mundo mejor que nos ha de llegar.

Todos mis amaneceres en rojo a tu lado han sido un fraude, no quiero saber nada más de ti, quizá mañana deje de pensar que eres la peor persona del mundo, pero eso es lo que hoy pienso y aun así te deseo lo mejor, porque eso es lo que alberga mi corazón y cada vez que hemos tenido un roce me has dicho cosas terribles de quienes te rodeaban, palabras que demuestran que traicionas a cada persona que ha pasado por tu vida, que no has querido a nadie pues eres incapaz de amar, desconoces el sentido y la profundidad de la palabra amor.

Lo peor de la cobardía es que te impidió levantarte cuando te expuse todo el último día que nos vimos y al levantarme te planté un beso de despedida en esos preciosos labios tuyos y enfrenté de cara tu mirada pero me esquivaste, yo me marché y mientras giraba te oí decir:

– ¡Guapa! Tráeme otra cerveza y cambio para la máquina del tabaco.