Luna

Me apetece saber cuáles fueron los caos que te llevaron a ser como eres, y derribarlos para ser juntos un caos nuevo, un torbellino convertido en vorágine.

Me apetece saber a qué huele tu piel.

Me apetece conocer ése rico mundo interior que adivino en ti.

Quisiera saber a qué saben tus besos.

Me apetece dormir en tus brazos.

Y despertar en tu mirada reflejada.

Me apetece saber si el café te gusta caliente, templado, solo, con leche, con o sin azúcar, quiero saber qué te gusta y cómo.

Me apetece descubrir todos tus hobbies, mostrarte los míos y compartirlos.

Me gusta la idea de sumergirme en cada meandro de tu cerebro hasta que sepa lo que piensas un segundo antes de que se formulen las palabras en esa boca tuya. Esa boca tuya que me gustaría recorrer a besos y hacerte estremecer con ellos.

Me apetece intentar esta locura en que se ha convertido mi vida desde el primer cruce de miradas después del tiempo.

Pero tengo que confesarte que con silencios se matan todas las ganas de lo que me apetece y por eso me guardaré las ganas y mis pensamientos hasta que tengas valor para dar el paso de acercarme a tu vida.

Amar no debería doler, amar es compartir y ser uno aunque seamos dos, intenté mostrártelo pero no es más ciego el que no ve, sino el que se niega a mirar y ver.

Aunque me apetece que me veas, no me verás hasta que me mires.

Mírame.

Cuando lo hagas seré como la luciérnaga que guíe tu camino una noche de luna nueva, pero sin malos presagios.