LA GOTA QUE COLMA EL VASO

Ding dong

Joder ¿Quién puede ser ahora?

Se levantó del sofá con trabajo y abrió la puerta para quedarse perpleja al ver a su ex marido. Era una tía de recursos y se recuperó en centésimas de segundo.

– ¿Que demonios haces aquí Roberto?

Él no se esperaba una respuesta así, bueno, tampoco era que esperase un beso, pero eso no, desde luego, así que se quedó desarmado ante semejante reacción seca y distante.

– Bueno yo… La verdad es que… No se cómo contarte que…

Este tío es idiota, siempre que empieza a titubear es que vienen problemas de su mano, a ver qué cojones me cuenta. Verás como termino partiéndole la cara esa de pato que tiene.

– Estaba por el barrio y yo… había pensado en…

– Vamos a ver Roberto que te dejé en Algeciras, fumando petas y bajando al moro, ¿Qué me estás contando de que pasabas por el barrio? ¿Estamos tontos o qué? ¿Te crees que estamos en una película?

– Bueno yo… estoy revisando la “chorvoagenda” y he llegado a la N, y te toca a ti. El invierno pasado he tenido una neumonía y me han detectado SIDA.

Ella agachó la cabeza negando incrédula, ¡su marido!, mejor dicho su ex marido, estaba allí frente a ella en el pasillo de la casa a la que se había ido después del divorcio y le decía que tenía SIDA… ¡SIDA! ¿SIDA?

Le miró de frente y sin saber muy bien lo que le pasaba por la mente vio cómo una mano, su mano concretamente, le dio un buen gancho que le tumbó en medio del pasillo de aquella corrala del barrio madrileño de “La Prospe”, y la otra agarraba, mientras él caía desparramado como un muñeco tirado en una feria o un espantapájaros movido por un viento demasiado huracanado, una cazadora y las llaves. Un pensamiento fugaz se posó en la defensa que solía portar como vigilante jurado del Metro de Madrid, una porra con la que bien podría haber atacado a aquel cabrón, ganas no le habían faltado, pero siempre se le ocurrian la cosas tarde con él, no sabía porqué.

Fueron al centro de salud y se hizo una prueba rápida de SIDA que dio positiva. No es que fuera seropositiva, es que era portadora, es que de ahora en adelante iba a tener que tomar una montaña de pastillas para toda la vida, tendría que estar sometida a revisiones semanales, quincenales, mensuales o lo que un tipo o tipa dijera, y esa sería su peor condena, con lo que a ella le gustaba su libertad, su independencia, su autonomía, y sobretodo después de dejarle a él.

Se sentía endemoniada. De no ser porque creía que la poca libertad que podría disfrutar en La Prospe, en el Tubo (el Metro), su querido Madrid, lo habría matado ahí mismo, en caso de haber sido violenta, pero era una tía más jocosa que chillona, más pizpireta que violenta, a quien no la seguía en sus chistes no solía verla más de tres veces, pues no gustaba de exlicar las gracietas.

Al salir de aquel que ahora le parecía un tétrico centro de salud ella sólo pudo mirarle como jamás le había mirado antes para hablarle tan severamente que a él le dio miedo.

– Roberto, – sus ojos denotaban frialdad y más que enfado – vas a desaparecer de mi vida, hoy me has localizado y sé que en un futuro podrás volver a hacerlo, ya que hemos compartido muchos años y muchas cosas, pero esto que me has contado sólo quiere decir una cosa, que mientras estábamos casados y yo te hacía el amor tú me follabas y a la vez follabas con mas gente. Me has roto la vida. Y lo sabes. Además no debo ser la única, porque “has llegado a la N. Ahora todo va a cambiar, para mí, para ti, y sobre todo entre nosotros y para siempre. Y quiero que estés lejos desde hoy y para siempre. Espero no tener que decírtelo otra vez.

Tras decirle esto se giró, no se dio la vuelta aunque se moría de ganas por ver la cara, más bien el careto que aquel ser vacío pudiera haber puesto al oír, más bien haber procesado aquellas palabras, ella se marchó y jamás se volvieron a ver.

Sin embargo ¿Quién esta preparado para gestionar la noticia de su propia muerte? Y más cuando ésta será lenta y agónica.

¿Quién está preparado para ser el testigo y a la vez participe de su propia muerte?

¿Se lo dices a tu familia?

Y siendo algo altamente contagioso, ¿Se lo dices a tu pareja?

¿Cómo gestionas los miedos?

La respuesta es sencilla. NADIE.

Esta persona fue tan inconsciente como lo fue su marido y regó el virus tanto como pudo, fue el máximo exponente de “a follar a follar que la vida se va a acabar” y sabiendo que era portadora de algo letal eso es más que reprobable.

Se convirtió en una persona cínica, que no se comprometía con nada ni con nadie, nunca hacía nada que no fuera para sacar beneficios, dinero, regalos, perfumes, viajes, todo era válido y todo estaba permitido, drogas, alcohol, y todo lo que puedas imaginar, sólo por una traición que no pudo superar y porque un hombre fue débil.

El SIDA mata a miles de personas al año, y otras tantas se infectan, muchas están sin diagnosticar, quizá y sólo quizá sea porque quienes saben que lo portan no son sinceros y no lo cuentan a esas personas con quienes mantienen sexo, y ninguno pone medidas para tener sexo seguro.

Hay que poner de moda los valores, tales como la sinceridad o la fidelidad, el amor y la lealtad, que son mejores que la traición y la promiscuidad.