LA MUJER SABIA

LA MUJER SABIA

La mujer salvaje es libre. Ella es valiente y original. La mujer salvaje es extrasensorial. Ella nace con la sabiduría antigua y los instintos salvajes agudos más desarrollados que la media de mujeres que nos rodean. Ella baila con el Espíritu de la Madre e intima con la Madre Naturaleza.

Su pasión se inspira en los bosques, las risas, lo bello y ella vive su vida sin mirar la de los demás. Ella hace que el mundo sea un lugar mejor.

Ella es la divinidad misma. Ella es desenfrenada e incontrolable. Ella tiene el poder de crear, nutrir y transformar.

Ella no permite que los demás se inmiscuyan en su territorio así como no se mete en las cosas ajenas.

Con abandono salvaje, ella está aquí para cambiar el mundo, si estás dentro de su mundo piensa si quieres ser cambiado, de todos modos, estando en su camino ya fuiste cambiado.

La mujer sabia sabe cuándo algo es mentira, aunque se quede callada.

No pienses que por quedarse callada has conseguido tu propósito de engañar, quizá simplemente su inteligencia sea más larga que tu necedad y te dejará permanecer en tu sombra hasta que tu mismo quedes desprotegido ante la luz de la verdad.

La mujer inteligente sabe muy bien sopesar las cosas, y pone en la balanza lo que compensa y lo que no merece la pena. En sí misma la frase “merece la pena” ya queda fuera de sus expectativas y ya no le resulta válido aquello que se postula como que merece la pena.

La mujer experimentada prefiere tener calma a tener razón, la razón la da el tiempo.

La mujer práctica sabe cuando es el momento de recomenzar una nueva andadura, empezando una nueva etapa, sin mirar atrás, pues mirar atrás es sin duda alguna una pérdida de tiempo, el tiempo es algo que no recuperamos, dejando a un lado los remordimientos, total nadie los tuvo con ella. Eso es la vida, a fin de cuentas.

La mujer pragmática sabe cómo empezar un final, aunque a veces los compases se los diera alguna bruja negra y sus artes maléficas, pero eso no importa, la mujer sabia sabe darle el giro a todo lo malo que cualquiera le mande con malas artes.

Después de todo el bien siempre gana, no importa cuántos servidores fútiles tenga el mal, ni cuan tontos sean.