TESTIGO

SU MEJOR TESTIGO

Él es el mejor testigo de que ella lo intenta. Lleva ya con ella unos años, la conoce bien, bueno, todo lo que ella se deja conocer, porque no hay hombre más valiente que el que se acerca a una mujer herida para ser su compañero, confidente, amigo, amante, el paño de todas sus lágrimas hasta convertirse en sábana si a ella le fuera necesario, y está dispuesto a ser todos los hombres que ella necesite, el padre, el hermano, el defensor, el compañero de clase, el profesor, el chófer que necesite para ir allá dónde ella tenga que ir, el primo de los veranos, el entrenador que la motive, el profesor de baile, el barman psicólogo, el amigo loco… ése con el que hacer locuras a mitad de la noche en una calle vacía y sin testigos como cuando eran niños, será el amante apasionado, será quien ella necesite que sea porque ella es la mujer que él necesita en su vida, la mujer imperfectamente perfecta y está rota.

Usaría todos sus recursos para verla sonreír aun sin tener pegamento con el que recomponer las piezas en los que la vida la dejó echa pedazos.

Él se ha propuesto ser el pegamento que en cada abrazo una los pedacitos de esa alma rota y sin embargo preciosa que ya adivinó en aquellos días que se veían como por casualidad en los desayunos en aquella cafetería y la observaba sentada en el mismo rincón leyendo o escribiendo, le costó semanas decidirse a tomar la iniciativa para hablarla.

Cuando finalmente lo hizo fue como si se conocieran desde siempre, y después las piezas fueron encajando como si fueran un reloj cuyos engranajes estuvieran magnetizados y se atrajeran por arte de magia, sabiendo cada uno a qué lugar les correspondía colocarse.

Y ve que no tiene ganas ni fuerzas de seguir adelante, y si lo hace es quizá por pura inercia, porque así la enseñaron, a no rendirse, a seguir adelante, a luchar, a sonreír a las adversidades.

Él es su mejor testigo y el respaldo que cuán andamio la sostiene ante sus propias tormentas vestigios de lo que antaño fueron halos morados y ahora han traspasado la piel para alojarse en el alma, rota…

Pero él, cabezota como ninguno, dueño del tesón está convencido de poder recomponer cada pedacito de esa alma, colocarlo en su lugar y amarla aun más por los juegos de colores que ofrece, como cuando una luna se rompe y te da mil arco iris.