Y pensé en usar el karma contra ti porque no tengo nada que perder, salvo a mí misma.
Porque tengo bien comprobado que Karma es buena amiga mía; pero decidí en alguna parte de este camino que no era buena la venganza, que prefería verte caer por ti mismo, por tu peso. 
Perdería cualquier guerra si ganara personas.
Pero en esta gran guerra contigo perdí todas mis personas importantes por tus mentiras, tus traiciones, esas tretas y mascaradas, que con los años he de reconocer que me han hecho más fuerte, más lista, más larga, mas inteligente, más rápida y suspicaz.
Tengo una memoria infinita y una vida poco normal, lo sé, te lo reconozco, como también sabes que trabajo duro por ser la mejor versión de mí misma.
Contigo se me agotó el dolor.
Me lo agotaste tú, concretamente.
Lo fuiste extrayendo como quien saca por un alambique la ambrosía de una fruta o semilla, sin darte cuenta que era el árbol y la propia tierra… pobre de ti.
Era yo una ambrosía para la que un basto paladar no estaba preparado, y menos predestinado. 
Tú me atacaste primero, por eso mi conciencia está tranquila, mi mente vive tranquila. Duermo en paz después de superar el dolor que en estos años has sido impunemente capaz de provocar.