DIGNIDAD

Deberías recordar que algunas armas pueden ser de doble filo como algunos cuchillos, como las monedas, o como los billetes de ida y vuelta.

La vida puede tenerte un día en la cresta de la ola y otro día en plena resaca marina llevándote al fondo lejos de todo lo que tenías por costumbre y de tu privilegiada perspectiva.

Cuando un día crees estar en lo más alto del mundo mirando desde arriba a los que te parecen simples mortales, al día siguiente puedes descubrirte con una hostia de realidad en la cara que se te pone caliente por el golpe, y te ves mezclado con esos  que ya no son ni tan simples, ni tan mortales, de los que te creías diferente y superior, pero no lo eres a fin de cuentas.

Eres una persona.

Como todos los demás.

Una persona con sus virtudes y sus defectos, como todos, claro.

El sello de calidad lo marcas al tratar a determinadas personas cuando te necesitan.

Y al poner a otras en su sitio, sin contemplaciones, porque hay que saber priorizar discriminando quién sí y quién no, y sobre todo cómo, cuánto  y cuándo.

Ahí te califican tus acciones, mejor que tus palabras.

Incluso en algunos momentos también podemos no responder; el silencio también pone a muchos en su lugar.

Ése es el doble filo.

Porque después del amor llega en algunas ocasiones el odio, y detrás inevitablemente viene la indiferencia, y no esperes nada después de la indiferencia si el amor no fue verdadero, si fue sólo interés, posesión, intentar dirigir al otro o muchas otras cosas que se suelen dar en estos casos.

Aunque si fue amor verdadero esta regla no se cumple.

Todo el mundo tiene un corazoncito, todos tienen su dignidad, aunque algunos no sepan en qué bolsillo del pantalón los dejaron olvidados…

Tarde o temprano todos los pantalones nos los ponemos, o todos los abrigos…

Todo lo que perdimos lo encontramos.

Nunca deberíamos perder la dignidad por nadie.

A veces hay que volver al punto de partida, a aquellos años en los que lo teníamos todo de serie, dignidad, creencias, veracidad, principios, inocencia…