Tiempo baldío

Con el tiempo descubrió que él no era el que sacó algunas cosas de ella.

Que si las sacó era sólo porque ya las tenía dentro, cuando rompieron pasó por un tiempo baldío en el que estaba desubicada y sólo después de encontrarse a sí misma pudo decir que no era la idiota que él quiso hacerle creer que era.

Para ella  la suya era una relación sincera en la que se había entregado por completo, pero para él aquella chica era un poco como un banco, un segundo plato, una mujer a la que acudir cuando otras estaban ocupadas.

Con el paso del tiempo ella se ha recuperado, hay más peces en el mar, y él apenas es un pequeño alebin.

Si hay algo que le ha dejado la experiencia de compartir unos cuantos meses con él es que nadie le volverá a controlar como persona, mujer, artista, madre, amante, y cada aspecto de ella.

Sólo ella puede ser su dueña.

Ahora confía en sí más de lo que lo ha hecho nunca.

Pisa fuerte a cada paso y se trasmite en cada palabra que dice, su filosofía contagia por verdadera, sencilla y porque la verdad conquista mucho más que las mentiras.