Contigo ganar era perder, siempre.
Porque sólo soy la que se enamora deprisa pensando que esta vez será para siempre.
Enamorándome. Enamorándome. Enamorándome.
E invitándote a enamorarte del amor conmigo y así mismo de mí.
Me costó mucho trabajo saber qué era lo que no quiero y ahora ya sé lo que sí quiero.
Y en ambos casos va por un camino diferente a tu camino.
Tu camino siempre tiene varias salidas y yo soy la chica de un solo sentido. 
Eso debería haberte quedado claro cuando aceptaste ser el hombre que quiso conducir mi vida.
Pero debes entender que no estás cualificado para conducir esta máquina, te queda grande, no tienes recursos, ni formación, por más que vaciles de tu  armamento; la vida no es batalla.
Hay muchas cosas más.
Y eres el tipo que jamás ha salido más allá de sus cortas miras y no tiene horizontes, ni tablas, experiencias, o conocimientos para ofrecer.
Nunca estarás seguro de dónde vas porque la inseguridad es tu bandera, pobre niño pusilánime que no pudo crecer porque un valle de luz desvío sus expectativas y le robó lo poco que logró y cuando se dio cuenta decidió darse la vuelta sin enfrentarse a sus demonios.
Contigo ganar era perder, siempre.
Y a mí no me gusta perder, por eso te dejé creer que ganabas y ahora crees que estás en la cresta de la ola, pero bien lo decía el cantante «todo lo que sube baja» y la experiencia me dice que has de bajar tanto como la gravedad te reclame.
A veces las cosas te irán mal y será por un buen motivo para aquellos a quienes machacaste, se llama karma.
Tú provocaste lo que vas a vivir, te metiste en un callejón sin salida que vas a descubrir hasta que enfrentes tus demonios uno por uno niño pusilánime.
Contigo ganar era perder, siempre.
Y ahora me toca ganar.