UNA CASA DE PIEDRA

Al principio con sus piedras se hizo una casa, casi un castillo y en ella vivió aislada un tiempo, pero viendo que se marchitaba desmontó piedra a piedra cada pared, cada muro de carga, cada arcada y fue construyendo puentes y caminos que la alejaran de aquella situación y las sensaciones que en ella provocaban.

Iba desmontando y a la par montando frente a ella el camino dejando tras de sí una vaga estela de tierra que apenas quedaba removida la tierra por eso nadie supo dónde iba.

Cuando aquellos que le habían tirado piedras quisieron verla hundida y volvieron a verla pensándola moribunda, aún disfrazados, con ropajes de otros, de niños, ridículos y pueriles trajes que no conseguían más que poner en relieve su estupidez y maldad, su falsedad y su poco conocimiento, no lograron más que entrever el solar en el que antes había una casa que antes había sido una fortaleza y ahora era un terreno baldío.

Ante su perplejidad estaba el vacío y entre sus manos la ausencia de control.

Y para ella quedaba el control de su propia vida lejos ya del monopolio y de su hegemonía y de lo que como secta representaban.