VACUIDAD

VACUIDAD

Se acostaba y se volvía a levantar al poco rato.

Encontraba la cama demasiado fría sin su calor.

Demasiado grande sin su cuerpo, claro, cálido y suave.

La casa tampoco le era refugio sin su presencia, ella todo lo llenaba y ya no estaba.

Esa manía que tenía de saberse las canciones a la tercera vez que las oía y cantarlas a pleno pulmón como si supiera cantar, siempre había hecho que la amara más y ahora ya no podría verla, disfrutarla ni amarla.

Llenaba la casa con su presencia, con su brillo, con su olor, con sus manías y sus exigencias, como que había que ser puntual, había que tomarse la vida en serio, había que comer bien, había que ser limpio, había que… Y es que tenía razón. En todo.

Había sido la mujer, la amante, la amiga, la compañera, la sabia y hasta un poco la madre que nunca había tenido.

Por eso siempre la llevaría en la memoria, en los huecos de sus huellas de los dedos, en el olfato, en la mirada, y en la culpa.

La cobardía que había demostrado para con ella sería siempre su compañera en los paseos nocturnos por esa casa ahora vacía.

Calándole como la lluvia de la tierra que le vio nacer, la soledad, le aturdía como si de pastillas se tratara.

Podía mirar cosas en cualquier pantalla, podía salir y hacer cualquier cosa, pero siempre estaba ella presente. Ella con esa mirada parda que denotaba tanta tristeza, que destilaba sin embargo un amor inmenso por él.

Y el remordimiento de haberla dejado cuando más le necesitaba.

No era una mujer que pidiera ayuda muy a menudo, y cuando lo hacía ya podían temblar los cimientos de la tierra porque algo malo se avecinaba.

Sabía que jamás habría nada que pudiera hacer o decir que uniera la brecha de ese abandono había causado entre sus dos mundos, fallarle así a esa mujer era la peor de todas las traiciones que ya le había hecho, y eran incontables.

Podía seguir echándola de menos, porque era lo único que iba a unirle a ella. El vacío de su marcha. La inmensidad de la vacuidad.


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©Victoria de la Fuente
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los
hechos  aquí relatados y los personajes son invención de la
autora