Yago

¿CUÁNDO VOY A SER MAYOR?

– “Peque”, venga a lavarse los dientes y a la cama.

– ¡Vale mamá!.

Yago se metió en la cama y esperó a que su mamá le contara un cuento, como cada noche. Pero a mitad del cuento le preguntó.

– Mamá, ¿cuándo voy a ser mayor?

La mamá de Yago se quedó sorprendida por la pregunta de su hijo, y no supo muy bien que contestar en un primer momento. Pero las palabras vinieron a sus labios casi sin querer.

– Verás Yago, te harás mayor cuando empieces a pensar qué vas a hacer mañana, y cuando no te gastes toda la paga en chucherías y otras cosas, y cuando no te importe compartir tus cosas con tu hermano.

– Jo mamá pero es que…

Pero mamá paró en seco la queja de Yago levantando la mano.

– No, así no te estás haciendo mayor.

Yago se quedó callado, y decidió estar callado y hacerse mayor, demostrando a su mamá que sí podía ser la personita que ella decía.

– Te harás mayor cuando tengas tus cosas recogidas sin que nadie tenga que decírtelo. Cuando te laves los dientes cada vez que comas tú solito. Cuando pienses antes de hablar. Cuando pienses antes en las personas que amas que en ti. Te harás mayor cuando le ofrezcas el paraguas a una chica para que no se moje, sin pensar en ti primero. Te harás mayor cuando quieras estudiar para progresar, siendo alguien que sepa de todo un poco, o un mucho –dijo mientras le hacía cosquillas y el niño exageraba las carcajadas retorciéndose de risa- serás mayor cuando seas alguien con quien dé gusto hablar, alguien a quien no haya que corregir en todo. Y quieras tener el carné de conducir. Te harás mayor cuando no veas mañana como una carga, sino que lo veas como una oportunidad. Y te harás mayor cuando para mañana te dejes todo preparado la noche anterior. Los deberes, la ropa, todas esas cosas con las que te persigo Yago y parece que soy la peor persona del mundo o un ogro que seguiré siendo hasta tus 35, probablemente.

Y entonces Yago se sentó en la cama, desarropándose, y abrazó a su mamá, y le dijo al oído:

– Que no mami, que no eres la peor persona del mundo, ni un ogro, que eres la mejor mamá del mundo y la persona más gruñona del mundo metidas en el mismo cuerpo. Y yo ya me he dado cuenta de que tú sí eres mayor, tú compartes conmigo, con mi hermano, con papá, y eres quien menos se pone en el plato.

La mamá estrechó fuerte al niño esperando que no se separase, así no vería que estaba llorando, en silencio, como hacen las mamás, ahora era mamá y mayor.


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©Victoria de la Fuente
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los
hechos  aquí relatados y los personajes son invención de la
autora