ALEX

LA DUCHA

Alexandra llegó a su nuevo destino, nuevo jefe, nuevos compañeros, nueva oficina, nuevo piso, nuevo barrio… y así con un largo etcétera hasta que pasados unos meses hubo un nuevo chico, Andrés, era la mejor manera posible que le habían enseñado para fundirse con su nueva situación y ella era muy de seguir las indicaciones de los superiores.

Más o menos en tres meses estaba perfectamente adaptada al nuevo puesto e infiltrada en el lugar que se había decidido en jefatura que ella era la única con posibilidades de desenmascarar al cabrón del «Tano» un capo gitano de las drogas.

Alex era una mujer de belleza racial y curvas exuberantes,  inteligente a la par que lista, fuerte y también delicada pero no frágil, a los dieciocho años entró en el ejército para escapar de una difícil situación familiar de la mejor forma que se le ocurrió  y había sido la mujer que había sacado las puntuaciones más elevadas en su promoción, nunca consintió que nadie la infravalorase y menos que la humillase por ser mujer.

Durante el periodo que había estado alistada estudió criminalística, por placer había estudiado entomología, y para ampliar currículum había seguido con psicología forense, después de licenciarse consiguió su placa de policía porque la investigación era su vocación y sin embargo para muchos de sus trabajos podía seguir siendo la chica de barrio, la que montaba bullas en una discoteca, la que gritaba y decía más palabrotas por minuto que nadie, y sin embargo para otras cosas era la elegante doctorada, la templada agente que había estudiado hasta tres carreras a la vez. Eso era un arma de doble filo que entre sus superiores la hacía una de las más valoradas pues era uno de los activos más difíciles de detectar, por inteligencia y preparación.

A Alex era muy difícil que algo se le escapara, por eso cuando entró a ducharse y vio un matojo de pelos en el desagüe, que no eran de su mismo color, Alex llamó cariñosamente a voces a su aún nuevo novio, Andrés, quien por cierto ya vivía con ella y le invitó a entrar en la ducha. Se lo folló allí mismo, dominando la situación como a ella le gustaba.

Al acabar de follar le lavó con la boca para aprovechando la postura preguntarle por el pelo del desagüe, así, como quien no quiere la cosa…

A lo que Andrés le respondió desentendiéndose que no sabía nada, que serían pelos de ella.

Naturalmente que no eran pelos de ella, y aunque tenía todos los medios de un laboratorio a su disposición para corroborar lo que ya sabía no iba a usarlos para algo personal.

Simplemente fue a ver al portero del inmueble y mientras le preguntaba por cosas estúpidas de la comunidad, que bien podía haber preguntado al casero o al presidente, fingía recibir mensajitos y ser una chica más que mientras hablaba con alguien también usaba el móvil, mientras que en realidad lo que hacia era hackear el sistema de vigilancia del edificio.

Así fue como en dos semanas supo a quién pertenecían los pelos de la ducha. 

Su novio se traía a su ex, Carlota, a su casa a mantener relaciones en su propia casa cuando ella no estaba, cuando presuntamente estaba trabajando en la oficina.

Por descontado que a ninguno de los tíos con los que se acostaba les había contado que era una subinspectora de la policía, ni que había sido militar, sólo una vez lo hizo estando profundamente enamorada y el tipo se sintió tan intimidado por ella que la dejó a la semana siguiente.

Nunca se recuperó de aquello y ella no cometía el mismo error dos veces.

De hecho tras confirmar la relación entre Andrés y Carlota y que se veían en su propio domicilio, llenó la casa de dispositivos de seguridad y vigilancia.

Su caso avanzaba a buen ritmo y provocaba que sus ausencias en casa fueran habituales, y sin horarios, solía decir que tenía viajes de lanzamiento de productos de su empresa, cosa que a aquel ignorante le venía muy bien para colar a su ex en casa de ella.

A medida estaban más cerca de coger al Tano menos le importaba la situación en casa, sabía que el caso le daría reconocimiento en muchos despachos, no sólo de las altas esferas de la policía, sino de muchas otras esferas y eso era más importante que un tipo incapaz de ver a la mujer que tenía delante.

Apenas unas semanas más tarde el novio fue a entrar en el amplio apartamento y encontró sobre la cama un cajón con cd’s. Introdujo uno en el reproductor tal como le decía la carta que les acompañaba y allí estaba Alex, en un comunicado de prensa dando datos de una importante detención de no sabía quién.

Estaba perplejo. El cd repetía la noticia que duraba ciento cincuenta segundos, pero Andrés vio esa noticia un buen rato mientras procesaba que aquella belleza que había compartido con él casa, cama y mesa fuera la misma que la que admiraban tantas personalidades en aquella ocasión.

Siguió leyendo la carta en la que le decía que si seguía visionando los demás cd’s entendería porqué no se había parado a despedirse de él, entonces se percató de que el apartamento estaba vacío, que tenía 24 horas para sacar sus cosas y que con eso estaba todo dicho.

Tardó horas en ver todos los vídeos y tan solo un segundo en comprender lo que estaba viendo y lo que ello significaba.


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©Victoria de la Fuente
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los
hechos  aquí relatados y los personajes son invención de la
autora