VICTORIA

A veces te echo de menos y sin embargo deseo curarme de tu ausencia.

Deseo curarme de ti en algún momento y no extrañarte.

Debo dejar de añorarte, de desearte y de pensarte.

Yo sé que es posible haciendo caso a mis amigos, que me quieren y me aprecian, haciendo caso de las prescripciones sociales que indican que no debo amarte como te amo aún.

Me mando tiempo con gente, pero si te digo la verdad no me funciona todas las veces, y me sorprendo de vez en cuando viendo que te sigo extrañando, que te echo de menos con palabras que te dedico en mi fuero interno en mudas conversaciones.

¿Estará bien que te ame aún?

¿Estará bien que te extrañe todavía?

¿Estará bien que te desee incluso habiendo pasado tanto tiempo?

No podría reunir en un diccionario palabras que describan todo lo que te echo de menos, me gustaría volver a tenerte de frente mirándote sin miedos, porque me acostumbré a dormir contigo, a tenerte enredada entre los brazos, liada entre tú y las sábanas en mis largas madrugadas de insomnios y desvelos.

Me perdí una y mil veces entre tus pensamientos hasta que un día mi vida cambió y entonces vi que hay vida más allá de ti, que existo más allá de tus apretados abrazos.

Que por más que me persigas a veces no me alcanzas como tú quieres, y que, aunque a veces te extraño ya no te deseo alrededor a todas horas, como antes.

Que por cada uno de aquellos gélidos alientos en mi cuello echabas hoy respiro viva y cada vez que expiro sonrío y sueño.

Estar contigo era reconfortante, arroparme con tus harapos me hacía dar vueltas y revolcarme en mi propia mierda, ¿por qué no decirlo? en mi propia mierda y sin salir de mi zona, que por cierto no era de confort, hasta que vi que no me compensaba sentirme reconfortada y sí me compensaba abrir mi mente, abrir horizontes, abrir las puertas y las ventanas para que entrara el sol y lo inundara todo con su calor.

Ya no me queda tiempo en mi vida para ti, SOLEDAD. Ya te digo que te extraño de vez en cuando, te busco en ciertos momentos, quizá algún día te deseo como se desea un tesoro.

Ya no eres esa fiel compañera que me estrangulaba el alma aprisionándome y dejando mis deseos y mis sueños relegados al ostracismo condenados al abandono.

No me preguntes el motivo porque no eres tú, soy yo, no tiraré de esa manida frase, no, SOY YO.

Ahora sé que mi destino es la VICTORIA, y el camino para llegar a ella tengo que decir que VOY PASANDO PAGINAS.


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Voy pasando páginas

©Victoria de la Fuente
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los
hechos  aquí relatados y los personajes son invención de la
autora