DESAYUNANDO EN LA DUCHA

Aquella mañana teniamos una cita oficial pero nos habíamos quedado dormidos y cuando nos despertamos faltaban apenas cuarenta y cinco minutos para estar en aquel sitio, desayunar, arreglarnos, vestirnos… intendencia y logística

Así que acordamos que mientras uno se duchaba el otro se vestía y mientras uno se vestía el otro desayunaba, la cuestión es que terminé llevando la taza de café al baño y acercándola tímidamente a la mampara entre transparente y   de cristal.

Entre unas cosas y otras terminé metiendome dentro al calor del agua entre el vapor de su ducha, con gritos pretendidamente escandalosos y yo que fingía escaparme entre risas de la ducha.

Entre tantas risas y cosquillas mi ropa fue cayendo, mi piel fue empapándose a la vez que erizandose, pero él no me permitía dejar la taza que iba dejando de ser un café bien cargado para ser un simple café americano.

Desde entonces nunca olvidamos poner el depertador, de vez en cuando los desayunos de la ducha se hacen en fin de semana, y nunca nos faltan risas, cosquillas, complicidad. Más complicidad si cabe entre nosotros.

Después  dándonos toda la prisa que pudimos llegamos a aquel sitio oficial al que íbamos que era de esos que te tiene largas y monótonas horas de espera, por eso nos atrevimos a llegar un poquito mas tarde.


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©Victoria de la Fuente
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los
hechos  aquí relatados y los personajes son invención de la
autora