LA TÍA MARI

Recuerdo como si fuera hoy a la Tía Mary, y la recuerdo porque hace poco ha sido el aniversario de su muerte, y es que, menuda era ella.

Venía cada día a casa para cuidar de mí y de mis tres hermanos, siempre, daba igual cuánto frío o calor hiciera ella iba con su chaqueta de paño.

Llevaba, la recuerdo como si la tuviera delante ahora mismo, el pelo tan corto como podía, de un color poco natural llamado “violín”, que para que todos nos entendamos es un pelirrojo oscuro que no existe en las gamas de pelirrojas, jamás la vi con una cana.

Siempre llevaba las uñas arregladas y pintadas, las manos perfectas, inmaculadas, nadie diría que se dedicaba al digno arte y trabajo de limpiar, porque vaya tela era aquella casa.

Mari era una señora.

Digna como no había otra.

Pero con sus cosillas, para qué te voy a engañar.

Tenía dichos que te dejaban pensando aunque tuvieras 6 años, 16, 26, 36 y sigue tú echando las cuentas que yo ya lo he vivido.

Solía decir que los chinos tenían los ojos rasgados y no era de lo que todos sabemos, no, que era de tanto pensar, y empiezo a creer que visto lo visto mi Tía Mari va a ser que tenía razón.

En casa en realidad había dos madres con ella, la oficial y la que en un momento determinado salía detrás de ti con lo que tuviera en la mano, pese a estar como un botijo y medir metro cuarenta, y decir que si no habías hecho no sé el qué que te había pedido te iba a estampar lo que llevaba en la mano, por descontado que no era con mala intención, pero es que en casa éramos seis, y cuatro éramos niños, o soltaba zapatilla como su fuéramos propios o aquello iba a ser como el mismísimo zoo.

Teniendo mi propio zoo lo he entendido.

Lo que nunca he entendido es dónde compraría aquella mujer los mismos sostenes de los años sesenta en estas fechas.

Cuántas veces habré visto correr a mi hermano Juan alrededor del piano perseguido por la Tía Mari por no haber hecho algo, o peor aún, por haberlo hecho, sobre todo dentro de la nevera…

Donde quiera que estés Tía Mari seguro que se lo están pasando genial contigo y  con tus dichos, con tus chascarrillos y lo tendrás todo impoluto.


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©Victoria de la Fuente
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los
hechos  aquí relatados y los personajes son invención de la
autora