LA CARGA

Podrás cargar un libro de quinientas páginas de una habitación a otra y no sentir su peso.

Si lo cargas todo el día te pesará más, te resultará incómodo, tendrás una mano ocupada que no podrás utilizar para cosas que necesites las dos manos. 

Sin embargo cargándolo un mes te vas a acostumbrar, será parte cotidiana de tu vida, aunque te moleste, aunque te estorbe, aunque lo maldigas y te quejes, pero ni maldecir ni las quejas te hacen dejarlo por alguna extraña razón, irás cambiándolo de mano para alternarte en el uso de tus manos, harás cábalas como las que hacemos con el teléfono girando el cuello incómodamente, buscando por ejemplo las llaves en el bolso o la mochila para abrir una puerta, ¡visualízalo!, además imagínate que llevas ese libro del que te hablo…

Vaya carga, ¿eh? Te pesa como una tonelada de libros…

Ahora imagina que llevas un año con el libro.

Ni lo lees.

Estás acostumbrado o acostumbrada a llevarlo contigo a todos lados, aunque te duelan las manos, los dedos agarrotados de apretarlo, y sin embargo te aferras a él, en algún momento de lucidez te planteas que podrías vivir sin ese maldito libro que no lees, nunca consultas nada en ninguna de sus páginas, no responde ninguna duda, no te aporta nada, podrías colocarlo como quien no quiere la cosa sobre la mesa y sin girarte si quiera podrías irte y vivir, vivir plenamente como hace la gente normal, la que no tiene libros.

Otro día veremos qué es eso de «gente normal».

Ahora veamos qué es ese libro:

Ese libro son tus anclas,  cosas inútiles que portas y no te dejan avanzar por la vida con libertad y alegría.

Son tus decepciones pasadas, el odio que mantienes hacia personas que siguen con su vida ajenas a ese odio que te envenena, es más, si supieran de tu odio probablemente les daría un ataque de risa o al menos quedarían pasmados de la sorpresa pensando cuán estúpido eres por mantener rencor por tal o cual episodio del que ya ni se acuerdan. Son tonterías que todos, pero todos albergamos en nuestra memoria y que debemos evaluar si nos compensa cargar con ello, sería como intentar hacer gimnasia disfrazados de berenjena galáctica (así, por poner un ejemplo), prácticamente imposible, ¿no te parece?

Quizás sea un muro que te impide salir de ese momento de hastío y parada emocional o de frenazo por cualquier otro motivo.

Si te decidieras en algún momento a releer una sola página de ese libro y decirte «voy pasando páginas» arrancar aunque fuera una sola página al principio y lanzarla al viento, quemarla, tirarla a la papelera o lo que elijas…  luego otra, después otra más ese libro iría haciéndose cada día con cada lectura un poco más fino, hasta que en algún momento te encontrases frente a un libro vacío superando cada una de esas emociones negativas con las que fuiste llenando ese libro con el que ibas cargando y te impedía avanzar.

Libérate, y avanza.

Sin peso…

Otra vez con tus manos libres para utilizarlas como recurso.

Libre.

Y con un libro nuevo con páginas en blanco para empezar a escribir, siempre que no uses el pasado como zona de confort y la memoria para seguir adelante.

Después de leer esto, escucha esta canción, motívate, pasa página:


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Voy pasando páginas

©Victoria de la Fuente

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los
hechos  aquí relatados y los personajes son invención de la
autora