Fuente imagen: Casa Diez.

LA VENTANA DEL SALÓN

Tenía un colegio frente a la ventana del salón y cada mañana a la hora en que los niños salían a jugar y comer el almuerzo le recordaban la terrible ausencia que su corazón padecía, su hijo nunca volvería a correr por casa salvo en los marcos de las fotos que ella dueña de toda la melancolía del mundo iba cambiando de lugar. Había cogido por costumbre salir a hacer cualquier recado evitando el recreo del colegio, y también las horas de entrada y salida, intentando ahuyentar sus amados y temidos fantasmas, así quiso dar esquinazo al dolor, al menos al principio.

Y fue una medida muy inteligente.

Perder a un ser amado es quizás algo que nunca se supera, aunque en según qué circunstancias sea más difícil o más llevadero, más inesperado o más injusto.

Poco a poco el dolor se acomodó con ella en el sofá, y el insomnio se hizo un hueco en su cama, el dolor se quedó de inquilino en su piso hasta que un día en una neblina de confusión recién despierta se trastabilló de camino al baño y se encontró consigo misma en el espejo, llevándose un tremendo susto.

Lloró como sólo los niños lloran al ver en qué estado estaba, cómo el abandono había deteriorado la que antes era una mujer alegre y llena de vida, tuvo una larga conversación con el espectro del espejo que terminó con un golpe en la encimera.

Salió a tomar un poco de sol, a volver a ver gente, a disfrutar del mundo, a volver a ser persona y a desear vivir, que fuera mayo le ayudó mucho pues los colores de la primavera, el bullicio de las calles, la alegría del resurgir de la ciudad le sirvió de trampolín aunque no era más que un pequeño escalón en una larga, empinada y sinuosa escalera, pero era al menos un principio.

Hay un tiempo para el dolor, ese dolor es lícito, es tuyo, privado, nunca debes permitirte que los demás te vean vulnerable, habrá quien quiera ayudar y quién cuan buitres huelan la carroña, y tú decides qué eres, carne o carroña.


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©Victoria de la Fuente
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los
hechos  aquí relatados y los personajes son invención de la
autora