LA MERCHERA LISTA Y LA PAYA TONTA

Este relato lo empezaré por el final del título y has de tener en cuenta que no eran aquellos tiempos como los de ahora, que los teléfonos móviles inteligentes no existían, que grabar una conversación en general y más con tu móvil era algo que pasaba en las películas o que salía en el «telediario» que había hecho la policía por un caso gordísimo.

Así que vamos allá.

Érase una vez una paya muy inteligente pero nada lista, (porque todos sabemos a estas alturas de la vida que no es lo mismo una cosa que la otra, ser inteligente es genético, es medible, es cuantificable con un simple índice de coeficiente intelectual y ser listo… bueno eso… o lo eres o te lo hace la vida o te dan por culo, ya me perdonarás que sea tan franca, pero esto es así) que era muy inteligente en su trabajo y en mil aspectos de su vida pero nada lista con ciertas personas que le rodeaban, y cuando pilló a su marido liado con una morena que era un calco de la hermana pequeña de él, le montó un follón tremendo.

Él lo negó todo, porque negar la mayor es en la mayoría de las ocasiones la mejor salida a priori. Pero no contaba con la pillada que ella le había hecho en una de sus mentiras, porque para ser mentiroso hay que tener una sola cosa: memoria. Y no era su caso, mentía con todo lujo de detalles que luego olvidaba, pero ella lo recordaba todo, con todo lujo de detalles, pues se los iba imaginando mientras él los describía.

Cuando se vio acorralado ante las evidencias y vio el cabreo de su mujer no tuvo alternativas al divorcio y a salir de la fortuna familiar con aquel rabito suyo que tanto gustaba del turismo sexual, entre las piernas, cargando con su vergüenza ante familia y amigos que lo ayudaron en la mudanza perplejos ante ciertos detalles de mediocridad y rabia del que se ve destronado y descubierto.

Y ahora sí, me voy al principio del título del cuento.

Érase una vez una merchera que se casó con un chavalillo de provincia,  pusilánime y muy vago al que puso a trabajar para no hacerlo ella y con el que compró una casa modesta en un barrio más que modesto.

Pero no se casó al poco tiempo de noviazgo, no, claro que no, no vayas a pensar que era ella una chica, por muy merchera que fuera, común, ni mucho menos; estuvieron de novios unos cuantos años, de convivencia otros tantos para llegar a donde te he contado.

Y todo ese rodaje no era otro que un tiempo de doma, de  acople como si fueran las piezas de un mecanismo, sí, no enarques las cejas como si te asustaras o te extrañaras, pues bien sabes que en todas las relaciones los primeros tiempos, (para unas parejas son meses, para otras son años, pues ahí entran muchas variables, la edad, cómo esté la economía en la pareja y en el mundo, en qué trabaje cada uno, si es que hay trabajo, el qué ámbito social se mueven,  y muchas más…) una vez lo tuvo domado, o eso creyó ella, sí aceptó casarse con él.

Los años de matrimonio, más o menos una década, se fue volviendo cada mes más cómoda, pues iba alternando el sofá por la cama, las noches de fiesta con las tardes pasadas con su mamá.

Sin embargo se olvidaba de una cosa que para los hombres es básica y que para ella no parecía ser importante, el sexo. O al menos no era importante para ella el sexo con su marido.

Cuando supo que él estaba liado con la mejor amiga de ella ni por asomo le montó un follón, no hubo discusión alguna en casa, sino que se marcó un plan.

Iba a despellejar desde dentro a aquel bastardo por faltarle al respeto a ella y a los votos matrimoniales que los unían, iba a despojarle de todo lo que tuviera, pero no hablaba de despellejar o desplumar ni cualquier otro sinónimo de lo material, de eso él podría recuperarse, antes o después, no,  esos detalles para ella eran poca cosa, ella quería verle morir en vida, ver cómo se secaba desde dentro, estrujar cada uno de sus pensamientos y todos sus sentimientos.

Iba a arrancar de raíz cada cosa que a aquel hijo de mala madre le importara de su vida, por pequeña que fuera y para eso no podría mostrar el monumental enfadoque la dominaba, pero tampoco quería acostarse con él.

Para ello también se trazó un plan, se quedó embarazada, tú dirás que vaya paradoja, pero sigue leyendo, pretendió un embarazo de riesgo para quitárselo de encima mientras veía como su mejor amiga, su antes confidente y su marido seguían viéndose a escondidas aunque ya no fuera así para ella.

Iba viendo, descubriendo en realidad, como cada vez le eran más evidentes las citas, las muestras de cariño entre ellos, las ausencias de él, las miradas cómplices, notaba cada día mas la patente soledad en que se veía inmersa e iba tejiendo su red alrededor de su futuro exmarido en su mente en la que le metería como una viuda negra, una resistente red de tela de araña de la que no iba a zafarse fácilmente en las próximas décadas y no se daría nunca cuenta, el pobre ignorante.

Tras nacer el bebé lo primero que hizo fue apartar a la familia de él para hacerle daño, después alegó problemas de salud de todo tipo y metió a su familia en casa para dificultar la relación con su marido, además así tenía quien le cuidara la niña y más ingresos en casa, porque su familia compartía lógicamente los gastos, y después empezó a salir con un antiguo compañero de clase mientras su marido trabajaba presuntamente.

Él estaba demasiado ocupado en atender y agradar a su nueva conquista y en mantener las apariencias en casa a la vez como para fijarse en lo que pasaba en el mundo real.

La llegada al mundo del retoño había sido su mejor idea porque le había dado ciertas cosas como la independencia, te parecerá incongruente, pero me explico, tan pronto como le dio la noticia de que estaba embarazada le convenció para sacarse el carné de conducir alegando que sería la mejor inversión para su nueva «unidad familiar» que ella tuviera el carné y un coche nuevo ya que ella y serían la mejor opción pues el bebé no podía ir en otro que no fuera un vehículo seguro, esa era solución imperativa.

La necesidad de un coche para el bebé para fuera al médico y otras cosas todas esas cosas, que sabemos todos que son así, sobre todo en los barrios modestos de ciudades pequeñas, ¡hombre por dios!

Y por descontado el coche a su nombre.

Pero que ella a los cinco meses de la llegada del bebé ya usaba aquel coche para quedar en la cancha de su antiguo instituto con el que fuera su primer amor, que no su marido, aquel chico de la misma etnia y procedencia que ella, el que su madre nunca quiso que dejara y que sabía que al marido bien le jodería en el momento adecuado. 

Cuando su esposo se volvió descuidado y empezó a quedar con aquella que se suponía su mejor amiga ella inició la guerra.

Una guerra que por descontado ella iniciaba para ganar, se quedó con la casa, el coche, la criatura que lógicamente tenía una pensión alimenticia que hizo que él nunca pudiera rehacer su vida.

Además entre los papeles del divorcio le metió la rescisión de derechos de las posesiones de aquel piso que tras su firma quedaría a nombre únicamente de ella y lo dejó simplemente desprovisto de todo aquello por lo que había estado pagando durante aquellos largos años.

Además el pobre diablo firmó su obligación de pagar la hipoteca mensualmente, y el colegio de la criatura, y llegaba el mes de la vuelta escolar y le tocaba hacerse cargo del cincuenta por ciento de los gastos que ello suponía, y ya se encargaba ella de engordar el monto. Y como cereza del pastel los consabidos gastos extras.

A parte de las cláusulas del convenio regulador del divorcio que establecían que ella se quedaba con lo ya mencionado, fueron muchas más cosas con las que se quedó, cosas que no le permitió sacar del domicilio conyugal, unas por las malas y otras con estratagemas.

En algún momento con argucias y mentiras consiguió que su buena amiga descarriada volviera al rebaño y creyera que si había empezado una relación extraconyugal con ella también la estaba empezando con otra nueva chica y rompió su incipiente sólida relación para que quedara en pasada relación. 

La merchera para obtener su venganza cada vez que el pobre pusilánime tenía una nueva pareja bien encargaba de dilapidar la relación usando a la criatura para que papito dejara de lado a la nueva conquista.

Y así fueron pasando los años uno tras otro, hasta que aquel pobre diablo muerto de soledadvacío por dentro, y aburrido de caminar solo por la vida, viendo crecer a su retoño únicamente los días que la merchera le permitía y no los que preceptivamente le correspondían por convenio decidió acabar con su vida son una sobredosis de drogas en un banco de un parque, finalmente la medio gitana y totalmente mala se vio ganadora de todas las posesiones, piso, coche y otras cosas banales que nadie nos llevamos a la tumba.

Poco después del entierro fingiendo ser la compungida y afligida única esposa del muerto y madre de su única hija en una reunión con su mejor amiga le confesó que siempre supo de su vida en común y aquella mujer supo con el corazón lleno de arrepentimiento que habían sido pobres títeres en teatrito de una loca y que no había parado hasta llevarlo a la muerte.

Antes de suicidarse aquel hombre pensó en la única mujer que había amado, la amiga de la madre de su hija y pensó en enviarle un regalo, un paquete que le llegaría a la semana de su muerte, un smartphone con su cargador y sin bloquear.

Le extrañó mucho aquel envío y según abrió el paquete se puso a investigar qué contenía, mayúscula fue su sorpresa al ver cientos de fotos que relataban la historia de una infidelidad, un relato estremecedor que la amante no pudo dejar entre sus manos únicamente, enseguida tuvo que hacer unas copias que dejó a buen recaudo y llamó a la pretendida sempiterna buena esposa, la incomparable, la sufridora.

El teléfono contenía audios que dejaban ver qué tipo de persona era la merchera, chantajista emocional que no le permitió pasar dos días con la hija en común si sabía a o sospechaba que había una nueva mujer en su vida, un nuevo amor, o algo parecido someramente.

Aquel pobre hombre era sistemáticamente sometido a chantaje de todo tipo por parte de la merchera, si tenía pareja o si no tenía trabajo,  usando a aquel ser menor de edad en su contra cada vez que tenía una ilusión o fallaba un día en los pagos, sin miramientos.

A la merchera todo le daba igual, él en aquel teléfono también había pruebas de que ella durante todo el tiempo consumía alcohol y drogas, de varios tipos, de esas que llaman blandas, de las duras, y de las más que duras, pero por más que intentó quedarse con la criatura desestimaron cada petición en el tribunal, pues la madre era la propietaria del piso que se compraron antes de casarse, y aunque ella no hubiera trabajado jamás le había estafado al firmar él no tenía dónde caerse muerto, y así constaba en los audios.

Fue al salir de la fiesta de cumpleaños cuando la chavala recibió un paquete en el que vio un disco duro que enseguida conecto a su ordenador y le informó de la verdadera situación que se dio entre sus padres y cuál fue la historia a lo largo de los años desde que se separaron, e incluso antes.

Inmediatamente marchó a estudiar fuera de casa alegando que las posibilidades en el extranjero para formarse eran infinitamente mejores y nunca regresó excepto un día al año, el día del aniversario de la muerte de su padre.

CONCLUSION: 

La rabia no nos lleva a ninguna parte.

La venganza tampoco.

Albergar sentimientos negativos hacia alguien nos mata por dentro.

La manipulación de menores es lo peor.

La injusticia que cometes te volverá a pedir cuentas, llámalo Karma… justicia divina… con distintos nombres es lo mismo, un búmerang que viene a buscarnos a todos a arreglar cuentas.

Descuidar aquello que amas no te lleva a ningún buen puerto.

Antes de empezar algo debemos terminar aquello en lo que estés.

El truco para que una relación funcione está en cultivarla, no tiene que ser una relación de pareja necesariamente, una de amistad, de cualquier tipo, necesita que sea bilateral, llena de reciprocidad, detalles, alegría, tacto, mano izquierda para cuando las cosas se vuelven duras, sinceridad, lealtad y fidelidad. Son valores y principios que se están perdiendo y cuando los descubrimos a veces es tarde…


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©Victoria de la Fuente

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los hechos aquí relatados y los personajes son invención de la autora