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CANSADA, NO VENCIDA

A veces me siento extenuada, muy cansada, floja, necesito un receso, dormir dieciocho horas seguidas de esas que sé que no voy a dormir, pero lo pienso y ya casi es como si las hubiera descansado. Necesito meditar hasta alcanzar el Nirvana pasando por el Annapurna y regresando por Fiji.  De lo etéreo a lo terrenal ida y vuelta mientras organizo mi cabeza y mi vida con visa a unas vistas sin listas.

Es un momento de debilidad que no es tal.

Simplemente es que ciertas cosas me cansan y me saturan, por un segundo eternamente inmenso pierdo de vista el objetivo, se me nubla la vista de tanto que me he concentrado en mirar y volver a centrar la mirada en el punto final del camino al que quiero llegar.

Me siento cansada, entonces me miro al espejo y veo una persona que apenas reconozco y pienso en Fanny cuando me enseñaba sus fotos de cuando iba a bailar y yo no reconocía a la jovencita con faldas de vuelo que veía en aquellas fotografías de época, con sus colores sepia, cuando miraba aquella cara arrugada con esos ojos deslucidos de párpados caídos que evocaban tiempos mejores.

Me siento cansada de luchar con tanto fantasma de un pasado que se va desdibujando y sin embargo aun temo, sin ver resultados, sin tener algo de paz, ni tener una recompensa.

Luego miro todo lo que he conseguido en los últimos años y creo que es menos lo que me queda por conseguir que lo que llevo caminado y siento la motivación ebullescente surgir por cada poro de mi piel.

Sonrío y doy las gracias porque a fin de cuentas sin el camino que llevo recorrido jamás sería la persona que hoy soy, sería otra, menos cansada, sí, pero también más indecisa.

Así que… GRACIAS.


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©Victoria de la Fuente
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los hechos  aquí relatados y los personajes son invención de la autora