DENTRO DE MI CARCEL

Durante un tiempo viví en una caja que ni si quera yo elegí, y que se me convirtió en una caja de recuerdos que me aplastaban a cada cual más y peor, y cuando llegaban ciertas fechas deseaba morir.

Reconozco que me había dejado la piel en llegar allí y había sido en vano y sólo me quedaban algunas fotos que colgaban de unos estúpidos porta fotos que estaban puestos en un cristal para no olvidar quién fui y ya no seré más.

Me fijo metas que no sé si llegaré a alcanzar mientras miro por un imaginario retrovisor a ver si tú sigues ahí detrás y es que tengo el cuello ya viciado de mirar siempre hacia el hipnótico punto que me queda ahí, atrás, atrás… por miedo a ti, siempre a ti, tú, tú… sólo tú y siempre tú.

Soy consciente de que vivo en el mismo lugar por más que cambie de lugar porque soy yo la que no cambia, emborrachada de ti y de mi soledad, a la par a ratos impares juego con ambos haciendo malabares de nadas y todos.

Sólo de vez en cuando me atrevo a romper el silencio sea verano o invierno, ya no soy más la muñeca de tus juegos.

Creía haber salido del duelo pero construí en él mi casa y dentro mi hogar, y te confieso que no me ha quedado mal, nada mal.

Tras tus golpes sabes que perdí la memoria, y eso me vino muy bien, apenas recuerdo tus gestos ni tu mirada, no sé bien si fueron tus golpes o yo misma que me preservé como un niño que se declara incapaz de recordar para mantenerse a salvo de lo que le hizo mal, tanto mal.

Por un momento creí que tú ibas a salvarme de un previo infierno pero eras un verde volcán que hipnótico me atraía para hacerme dentro estallar y no supe salir de ti, éramos física y química con muchas historias pero sin futuro, solo revueltos pasados.

Ya no podré ser más tu muñeca de juegos…

Y aunque quiero jugar no encuentro el mapa de regreso al juego, tampoco hallo mis recuerdos porque ahora ya no soy esa muñeca de tus juegos, alguna vez, en algún sueño te apropias de mí y vuelves a ser el Mar de mis deseos que hace que una tormenta vibre en mí y entonces despierto y dejo de ser muñeca.

Y simplemente soy la chica de los tacones que gana todas las partidas con una sonrisa abrasadora mientras llega a su victoria con paso firme embutida en sus tacones, esos en los que derramaste los cada gota hasta que mi paciencia se colmó.

Y es que quiero volar, quiero despegar, quiero triunfar.

Quiero que mi casa sea un hogar como el que me merezco y aunque sus cimientos se basaran en un cementerio yo sabré hacer de mi casa algo bello, pleno y lleno.


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