PATETICA

Aquella pobre mujer estuvo jugando con un chaval durante unos cuantos años, quedaban para tener lo que casi seguro ya estás pensando, sexo, ella no era de mucha conversación, no era lo que se llama una intelectual y él iba a lo que iba.

Se llevaban mas de una década, muchos años creía él, en ningún caso la iba a presentar en casa, a sus padres y hermanos, a los compañeros de trabajo y eso la enfureció cuando entre bragas y calzoncillos de los que apresuradamente iban despojándose en algún lugar a escondidas de cualquier mirón él se lo dejó bien claro.

No se daba cuenta de cuán ridícula resultaba a sus casi sesenta años saliendo a tomar cubatas y bailar de jueves a domingo desde el pueblo a las ciudades a ligar en las discotecas, vestida como si tuviera la mitad de su edad y maquillada como si fuera una estrella de la televisión, una decadente estrella de las que dan lástima y hastía verlas.

Con la promesa de que la falsa relación sexual que mantenían iba a tornarse más fogosa le conminó a hacerse unos selfies mientras se auto satisfacía mensajeándose una noche cualquiera que no habían podido quedar por los muchos quehaceres de ella ya que estaba casada, pero siendo una mujer experimentada y mayor sabía bien cómo manejar a un chaval poco experto en aquellos temas y más joven.

Él sin lugar a dudas, y sin sospechar la que se le venía encima, le mandó las instantáneas en las que había recogido las ganas que tenía de volver a desatar aquella mal entendida pasión que sentía en aquel momento por ella.

Cuando él reclamó unas fotos calientes a cambio de las suyas ella alegó que tenía bronca en casa con su marido por estar tanto tiempo al teléfono y no se las mandó, ni esa noche ni nunca.

Poco a poco la actitud de la dama fue cambiando demostrando que no era tal, solía ir desaliñada y sucia cuando quedaban, y al poco tiempo empezó a pedir dinero al chaval alegando que no le daba para los pagos de la casa.

El pobre chaval incapaz de dudar fue ayudando a su amante hasta que quedó sin trabajo, entonces ella se cerró en banda dejando de asistir a las citas.

Pero no dejó de pedirle dinero.

Como él alegaba estar sin trabajo ella adujo que su obligación era seguir ayudándola salvo que quisiera que determinadas imágenes que obraban en su poder vieran la luz en ciertos círculos de amistades.

Mientras cobraba el paro él pudo ir cumpliendo con los exigentes pagos de aquella arpía mientras que por su parte ella no cumplía con su propia parte, cada vez que quedaban le daba plantón, se inventaba cuentos fantasiosos, excusas que nadie podría creer.

La primera podía colar por falta de experiencia.

La segunda por ser crédulo y confiado.

La tercera vez… la tercera ya no la creyó y se presentó en una de esas discotecas a las que ella solía acudir a ligar con gente de su edad, entrada la sexta década de edad, lo cual es loable, así podrían mantenerle el magnifico tren de vida que ella demandaba, pero sin chantaje, y una vez que ella pasó por delante de él sin verle Patética, en referencia a Maléfica acicalada como si fuera de boda aunque eran las nueve de la noche en un barrio obrero de una ciudad del norte de España, había dejado una noche más a sus hijos y a su esposo, y dicho sea de paso a su amante, solos para irse a triunfar bailando y ligando en un triste tugurio.

Cuando estuvo bien claro que le había mentido le mandó un mensaje para desearle una noche tranquila en el hospital, pues ella había alegado tener a una de sus hijas ingresada, gravísima.

Durante un tiempo el chaval quiso ver hasta dónde llegaba si le seguía la corriente hasta que un fin de semana ya sin tener el respaldo de ingresar el paro en su cuenta corriente y de mal humor vio que no iba a poder cumplir con el chantaje, fue al mismo sitio donde la vio entrar a la discoteca vacilándole con las mentiras y cuando la vio pasar con un par de amigas la chistó por detrás.

Ella se quedó perpleja. La conversación no fue amistosa, él le informó de que la última vez que le ingresó dinero sería la última y ése día iba a ser el último en verse.

Pero antes de que se girase para irse un hombre mayor, panzudo y calvo se bajó de un taxi y sin ver los ademanes que conllevan una conversación así se acercó y la besó, dejando de manifiesto que era el segundo amante con el que Patética le era infiel a su marido, y a él, un amante con el que era infiel al amante… ¡no sé si sigues tantos cuernos!

Siempre había sido una mujer de esas que te parecen Alicia en el país de las injusticias, contaba como la habían violado antes de cumplir la mayoría de edad, trivializando a quienes de verdad han sido víctimas de estas agresiones, así mismo contaba que había tenido cáncer, o que su hijo la maltrataba, pero luego nunca tenía un tratamiento, un informe médico, un juicio, una vistilla o una orden de alejamiento, volviendo a frivolizar con temas que son demasiado serios en la sociedad de hoy, ensuciándolos con sólo mencionarlos.

Aquel chaval que apenas llegaba a los cuarenta se dio cuenta de que había caído en los tejemanejes de una mujer despiadada, a la cual no le importaba nada la manipulación, la mentira, el chantaje, cometer cualquier tipo de delito con tal de sacar dinero, pues tenía claro que no necesitaba ese dinero para los pagos que decía necesitar.

Sólo lo necesitaba por saciar un ansia insaciable de morbo, de control, de dominio. Y no hay que olvidarse de las compras compulsivas.

Según iban avanzando los meses él fue rememorando su historia con ella, los dolorosos fines de semana en solitario para él, los plantones, el dinero que él le iba dando le resultaba insuficiente pues cada vez él se iba calentando más, apenas se veían para lo justo en algún lugar recóndito cumpliendo dentro del coche, eso si ella no ponía el número del móvil que él tenía en modo avión y le daba esquinazo.

Entonces lo él se dio cuenta fue que ella buscaba más presas, más hombres, de jueves a domingo salía a bailar y conocía hombres, bailando charlaba y descartaba, era audaz, era rápida.

Y mientras él se dio cuenta que no era sexo, no, de ninguna manera era amor, no, estaba enganchado, y no lograría desengancharse ni del sexo ni de una prostituta vieja y que Patética lo tenía pillado además por unas fotos con las que le hacía chantaje, un triste chantaje.

Un chantaje al que le tenía sometido desde hacía tres años, o eran cuatro… ni siquiera era capaz de recordarlo, tan subyugado lo tenía aquella mujer.

Entonces entró en escena una nueva persona con la que empezó a salir, y a la que empezó a mentir omitiéndole que Patética le había vuelto a llamar al saber que su corazón estaba ocupado,  pues cada paso que él daba Patética lo iba observando en las sombras, como buena alimaña a la espera de cobrar su pieza, pese a que hacía meses que no se veían.

Pero lo que no esperaba Patética era quién y cómo era la nueva persona, en unas semanas tiró por tierra aquellos años de mentiras, todas sus argucias para el chantaje, desmontó cada argumento y la desmontó a ella.

Cogió las imágenes y las trató para que fueran imágenes artísticas que expuso en muchas redes sociales, de esa manera la amenaza perdió todo su peso inmediatamente, Patética montó en cólera, quiso romper su relación inmediatamente y lo llamaba constantemente tentándole para quedar, le decía que le devolvería el dinero, pero sus intenciones no eran otras que las de intentar sembrar la duda entre él y su novia, por el simple hecho de que ella nunca había llegado a serlo, a Patética jamás la había mostrado en público como hacía con la nueva chica.

Lejos de conseguir su propósito de desunirlos sus tretas únicamente lograron aunarlos más, lucharon juntos contra ella y sus locuras de amante despechada que en realidad no lo era.

La lástima por una mujer que se había perdido en un mar de mentiras y autocompasión no consiguieron que el desprecio no ganara y Patética se vio como todos los que hacen cosas tan malvadas sumergida en un océano de soledad, amargura, pena y vacío.

Pero sin remordimientos.


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©Victoria de la Fuente
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los
hechos  aquí relatados y los personajes son invención de la
autora.
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