LA CASA DE LOS ESCRITOS

Iban caminando por un pasaje oscuro por lo estrecho del casco antiguo, aficionados a la fotografía casi iban deteniéndose en cada casa tomando fotografías, deleitándose en los detalles de las casas de la zona, pues está claro que en cada lugar construyen de una forma.

Cada casa allí tenía su encanto, su particular esplendor, reflejaban momentos de una época pasada y todas y cada una de ellas eran maravillosas, sus detalles resultaban espectaculares, ventanas y vidrieras, portones de madera talladas con todo lujo de detalle, vigas atravesadas en las fachadas, ventanas bahía, enrejados ricos en detalles, cerraduras que parecían venir de siglos pasados y alojaban de hito en hito llaves más grandes que alguna mano.

Iban simplemente caminando y comentando los detalles que les gustaban en cada una de las casas, hasta que se pararon en una y el silencio se hizo el rey, allí no había nada que decir.

Parecía cerrada y sin embargo tenía flores en cada alfeizar.

Era como un viaje al pasado pero estaban los dos allí, era como estar dentro del mismo viaje al pasado en sí, a otra época, a otra era, un viaje en un libro, a cualquiera que hubieran leído de literatura fantástica.

Se habían parado para contemplar una casa que tenía encima de cada ventana un mensaje, en cada pequeño espacio había una pequeña cita con una letra inconfundible, no era un refrán ni un proverbio, era una cita pero no eran capaces de saber, de ubicarlas en un libro o con un autor en concreto, en aquellos escritos no encontraban a autores como Lorca, Cervantes o Becquer a quienes habían leído con pasión o a otros como García Márquez o Neruda que eran más actuales, más bien les parecían palabras tan sabias como propias de alguna persona que demostraba en aquellos párrafos una sabiduría inmensa.

Los transeúntes que se cruzaban con ellos les sonreían sabiendo que era la primera vez que sus ojos se posaban sobre aquella casa, su sonrisa era socarrona porque estaban acostumbrados a ver en los veraneantes y forasteros aquella mirada que ahora mismo tenían ellos, como la que tiene un niño cuando descubre algo, cualquier cosa, por primera vez.

La fachada sin estar abarrotada estaba llena de frases escritas con la misma letra, una caligrafía inconfundible.

Intentaron memorizar algunas, y también tiraron de la cámara  y mientras cenaban hablaron sobre las citas y la que ganó fue esta:

“El amor del odio dista por una fina línea.

De la bondad a la tontería mas fina es la línea todavía.”

Entre platos estuvieron debatiendo sobre la veracidad de estas frases y la profundidad de esa filosofía y les pareció tan sencillo como aplastante, innegable.

Estaban muy contentos viendo sus fotografías con esas citas, tanto que algunas de ellas las pusieron en vinilo en algunas de las estancias de su nuevo hogar al regresar de las vacaciones.

Y desde entonces empezaron un particular juego entre ellos de dejarse mensajes secretos en lugares insospechados para los demás como si de una «gymkhana» (1) se tratase.

(1) Definición de gymkhana
http://www.uco.es/dptos/educacion/invadiv/images/stories/documentos/RECURSOS%20DIDACTICOS/RINCONCORPORAL/gymkana.pdf


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©Victoria de la Fuente
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia
los  hechos  aquí relatados y los personajes
son invención de la  autora
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Fuente de la imagen Pixabay