Acudo regularmente a los lugares más oscuros que dibujaste en mi mente por si acaso te apetece regresar a terminar todos aquellos planes que teníamos a medio construir.
Bocetos…
Tenía tanto que contarte y tanto que escuchar de ti, aunque reconozco que me cansaba de aquella costumbre tuya de vivir en el pasado, como si fuera un mundo mejor.
El mundo mejor nunca está en el pasado, y jamás estará en el futuro, está en el presente. Pero eso tú no lo querías ver porque estabas invadido de nostalgia.
Como si la añoranza y la melancolía fueran tu aire y tu piel aunque de verdad te digo que tu aire era el mar, inconmensurable y tu piel era bella sin un pasado que te marcara.
No había motivo alguno para que extrañaras ese dolor que tanto te había herido y por el cual caminabas por el mundo como un alma en pena de los cuentos de los niños, con una sábana blanca cubriéndote para llorar hasta empaparla y una bola atada al tobillo izquierdo retrasándote en todo.
Quizás cierta melancolía de esa que hacías gala se quedó conmigo cuando aprendí a disfrutar de mi soledad.
Luego melancolía me abandonó porque soledad y yo nos enamoramos pese a que tu recuerdo sigue siendo una lacra que me mata, me mata lentamente, pero soledad me consiente porque le compensa, la muy perra…
Y yo mientras acudo a los lugares más oscuros que dibujaste en mi mente dónde está el hombre más perverso y retorcido que alberga tu ser, ese al que no dejaste asomar con nadie más.
Eras el único que oía voces que le perseguían porque no había nada detrás.
Voices Russ Ballard


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©Victoria de la Fuente

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

los  hechos  aquí relatados y los personajes

son invención de la  autora

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Fuente de la imagen Pixabay