CENA PARA DOS

Tú estás ahí fuera sentado en el coche, veo las flores en el asiento del copiloto.

Yo estoy aquí adentro, entada en mi silla, mirando la mesa, una mesa preciosa que ya está preparada.

Cena para dos.

De esto depende todo.

Muchas dudas me asaltan sobre esta noche, pero aún así todo he tomado la decisión de seguir adelante.

No sé si sabes que te vi al llegar.

Y probablemente me veías corretear azarosa por la casa preparando cada detalle, porque los detales lo son todo y a mí me gusta cuidar los detalles, todo lo quiero perfecto.

Suena la puerta del coche fuera.

Casi tiro la fuente de cristal que tengo entre las manos y oigo tus pasos en la entrada, ahora debería sonar el timbre… pero no.

A mí también me pasaría lo mismo.

Pasan unos segundos.

Un minuto.

Varios.

Me quedo muy quieta como si al moverme pudiera romper el hechizo del momento.

Podría decir que se oye el retumbar de mi corazón en todo el salón y al final el sonido del timbre hace que salte, brinco como un niño sobresaltado.

Miro mi reflejo en un cuadro retocando uno de mis rizos del lado izquierdo.

Miro escaleras arriba y pregunto mentalmente si la chica que habita arriba, la que se esconde entre las sábanas, la tímida que te desea fervientemente está preparada para lo que viene casi seguro después de la cena.

– Voy a abrir – Me digo como si se lo dijera a la chica de arriba, para darme fuerzas mientras mis pasos van hacia la puerta y hacia el destino que me depares tú.

Abro y ahí estás, te miro y es como si te viera por primera vez porque descubro nuevos matices en tu cara y en tu mirada, tu sonrisa es amplia, llana y sincera.


Si te ha gustado tienes otras publicaciones para leer en:

Voy pasando páginas

©Victoria de la Fuente

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

los  hechos  aquí relatados y los personajes

son invención de la  autora

¡NO OLVIDES COMPARTIR EN TUS REDES SOCIALES SI TE HA GUSTADO!

Fuente de la imagen Pixabay